Lenin, el ahora o nunca de 1917

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La figura de Vladimir I. Lenin destaca como el forjador de la Revolución de octubre. Esa sombra detrás del movimiento que marcó al inicio del siglo XX fue caracterizado más por su temperamento que por su destreza intelectual para interpretar las fases del proceso social primordial: la conciencia proletaria.

Karl Marx

Vamos a lo cierto, los teóricos del movimiento revolucionario no eran de origen ruso, sino alemanes, específicamente Karl Marx y Federico Engels, ambos filósofos que pudieron traducir las diferencias sociales creadas por el capitalismo y denunciarlas en sus obras magistrales que llevarían por nombre el Capital, del primero, y Dialéctica de la naturaleza, donde éste último marcaría la pauta tanto del materialismo histórico como del materialismo dialéctico. Ambos escritos fueron las bases del movimiento revolucionario con el que se empezaría a construir un nuevo imperio político basado en la fuerza de los trabajadores.

¿El oportunista?

Vladimir Ilich Uliánov, también conocido como Vladimir Lenin

A cien años de este acontecimiento, resulta necesario rescatar algunos aspectos del Lenin que pocos conocen como activista y como individuo propenso al uso de la violencia para lograr el fin de los tiempos que era el poder del proletariado. Lenin se apartó de todo marxismo ortodoxo y usó la herramienta dialéctica para justificar conclusiones a las que había llegado de manera personal. Con una tendencia intuitiva talentosa, este pensador de origen tátaro, por curioso que suene, tenía más parecido con Nietzche que con Marx, cuyo determinismo dejó a un lado para convertirse en un voluntarista, es decir, en alguien que cree fervientemente en que es la voluntad el elemento principal de la transformación; una voluntad que, por supuesto, era la suya. En su libro titulado Tiempos modernos, Johnson lo describe de la siguiente manera: “Lo que convirtió a Lenin en un gran actor en la escena de la historia, no fue su comprensión de los procesos históricos, sino la rapidez y energía con que aprovechó las oportunidades imprevistas que ella ofrecía. En resumidas cuentas, fue lo que según sus acusaciones eran sus antagonistas: un oportunista”.

Otro aspecto por aclarar era su amplia pasión por las soluciones bélicas. De hecho, es un personaje histórico que es descrito por su tendencia al uso de la fuerza como él mismo lo expresaría en su propias palabras: “Las revoluciones son los días de fiesta de las clases oprimidas. Una clase oprimida que no se esfuerza por adquirir el conocimiento de las armas, por ejercitarse en el uso de las armas, por poseerlas, una clase de este tipo merece sólo que se la oprima, se le maltrate y se le considere esclava”.

La violencia es la vía al poder

Estas fueron las características que el Lenin revolucionario tenía a la hora de iniciar el proceso de cambio en uno de los países de principios del siglo XX que sería una gran influencia mundial por su manera de trabajar con los conceptos sociales.

Al igual que muchos dictadores y estadistas, la violencia para Lenin era una vía clara para la toma del poder, algo que compartía con Mussolini, Stalin y Hitler. En ese entonces, los gobiernos no cederían fácilmente el poder a otros, si no era por medio de la violencia. Lenin sabía que Rusia no reunía las condiciones necesarias para llevar a cabo una revolución al estilo marxista, pues esta requería de factores como el desarrollo económico a tal grado que produzca una conciencia de clase entre los trabajadores que los una en torno a causa común: un gobierno del proletariado.

Rusia no estaba en esas circunstancias, pues no gozaba del mismo desarrollo económico que Alemania ni Gran Bretaña, países donde la revolución industrial se disparó en poco tiempo. Rosa Luxemburgo, la teórica más famosa del marxismo alemán denunció incluso que la posición de Lenin llevaría a destruir el propósito y los ideales del marxismo, sobre todo por los defectos de carácter del líder ruso tanto en lo personal como en lo nacional.

Para ella, Lenin era el tipo de líder que no tenía tiempo para esperar por la formación adecuadas de las condiciones sociales y, por el contrario, le era necesario acelerarlas de alguna manera. Esto fue precisamente lo que hizo a través de la creación de una guardia revolucionaria vanguardista, misma que estaría encargada de iniciar el proceso para el cual, el proletariado ruso todavía no estaba preparado.

El proceso político tiene que verse en forma de gran angular y Lenin era muy hábil para eso. Su visión respecto al ambiente político desatado por la Primera Guerra Mundial, le iluminó la mente al declararse contra ésta y favorecer un tratado de paz con Alemania. Su acción encubría un apoyo de los teutones que podría ser usado para derrocar al gobierno zarista, lo cual ocurrió con la toma del Palacio de Invierno en febrero 1917, con lo que el soviet de Petrogrado, hoy San Petesburgo, ocasionó el debilitamiento del gobierno del Zar Nicolás II, quien terminó abdicando el 2 de marzo de ese mismo año en favor de un gobierno provisional encabezado por Alexander Kerenski.

El camino a la Unión Soviética

Kerenski mantuvo la decisión de continuar la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, pese a que las bajas que le habían infligido había sido muchas. La fuerte oposición de los comunistas bolcheviques liderados por Lenin se vio apoyada por grupos de militares disidentes y obreros en huelgas constantes que también comprendían que el esfuerzo ruso no se vería coronado con una victoria en el conflicto.

En realidad, la toma del Palacio de Invierno en febrero puede considerarse como el inicio de la Revolución de Octubre, cuyo proceso culminó el 8 de noviembre cuando la guardia roja, la fuerza élite comunista de la que hablaba Lenin y bajo el mando de León Trotsky lanzó el golpe final contra la sede del poder, inoculando al gobierno provisional. La mayoría de los líderes fueron arrestados, sólo Kerenski logró escapar del golpe de estado.

El éxito de esta estrategia permitió a Lenin ponerse al frente de un gobierno popular que regiría a más de ciento setenta millones de habitantes. Este es prácticamente el inicio del proyecto de arquitectura social conocido como Unión Soviética, cuya influencia se dejaría sentir de manera atroz y violenta a lo largo de casi todo el siglo XX.

 

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