Sexualidad y pandemia

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Cifras que consideran Colombia, Estados Unidos, España y Dinamarca han registrado un incremento en la venta de juguetes sexuales durante el confinamiento en dichos países, – el dato lo entrega una encuesta de la Radio Nacional de España -, es lógico entonces pensar que la sexualidad y la postmodernidad se unen para construir una visión más moderna del sexo y el sentido de lo erótico para ambos géneros, aún, en tiempos de crisis.

Somos esencialmente carne y energía que se expresan en nuestra sexualidad, pero ésta incluye también expresiones de los comportamientos sexuales, las relaciones sexuales, la intimidad y ser. Objetivamente, la sexualidad es cómo elegimos expresarnos como hombres y mujeres (incluyendo la forma en que hablamos, vestirnos y relacionarnos con los demás); definición de orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual), valores y creencias, es también por definición la sumatoria de electricidad, placer, compromiso y comunicación.

Todos nosotros seres humanos también somos seres sexuales, la sexualidad es una parte normal, saludable y natural; su práctica y ejercicio activan neurotransmisores que influyen en el erotismo: la dopamina, la noradrenalina y serotonina, en conjunto despiertan nuestros sentidos y conciencia del placer.

Por tanto, no es de extrañar que las ventas disparadas de estos productos vengan a confirmar que el sexo ha dejado de ser un tabú y por el contrario es parte del conocernos y conocer al otro; un incentivo de la postmodernidad en nuestras soledades o compañías de cama, hoy el hablar de sexo se considera una costumbre habitual entre hombres y mujeres, el mercado lo sabe y obvio responde a ello, aun bajo una crisis pandémica.

La empresa chilena Starsex ha calificado el aumento de la demanda como inesperado agotando stock de algunos productos, aun así, explican que han aumentado sus ventas en un 60%.  En Francia e Italia las ventas de los juguetes eróticos se expandieron en más de un 40% y 53%, respectivamente, durante la crisis del Covid-19, según cifras citadas por los corresponsales en París y Roma del diario español ABC. Los datos dan cuenta que los llamados juguetes eróticos o sexuales han llegado como un complemento y un elemento de disfrute, sea individual o en pareja.

Ellos nos hablan de una nueva forma de relacionarnos con el sexo donde el deseo erótico y la necesidad sexual forma parte del ser humano. Sobre estas anécdotas consignadas en tiempos del Coronavirus, claramente podemos inferir que la sexualidad y la postmodernidad van de la mano, la postmodernidad como la globalización se han insertado en nuestras formas de socialización y la sexualidad se ha liberado. Obsérvese entonces cómo ambos fenómenos han incidido en la construcción de la identidades, las necesidades y motivaciones del ser humano.

Parece que Michel Foucault no se equivocó al ligar a las definiciones como postmodernidad, biopolítica, globalización, poder y consumo; pues luego de constatar datos y revisar cómo el mercado y los individuos han reaccionado ante la oferta, aparece el puente que enfrenta la globalización como expresión económica y la postmodernidad, como expresión cultural con el ser, con sus expresiones emotivas, biológicas, socioculturales y sus neurosis, donde el sexo es un actor transversal.

La mayoría de las personas en confinamiento durante la pandemia probablemente han experimentado grandes cambios en sus rutinas cotidianas. Los cafés y los bares han permanecido cerrados, y las aventuras de una noche para los solteros son prácticamente ilegales. No hubo viajes de oficina, ni viajes de estudio; ni fiestas a las que asistir, ni cenas grupales que planificar con amigos. Las alertas sanitarias para el control y la prevención de enfermedades recomendaron la distancia social y que las personas se mantengan al menos a 2 metros de distancia entre sí en todo momento, a menos que vivan con una pareja o un familiar.

Es claro y lógico que la depresión y la ansiedad que el mundo ha experimentado tenga un efecto negativo sobre la libido; sumado a que millones están sin trabajo y que el desempleo ha afectado el carácter y el deseo sexual. Entonces la irrupción de los juguetes sexuales no solo es anecdótica, sino una necesidad, ello queda claro si observamos desde la óptica de la psicología social, es decir, desde el origen, desde las manifestaciones de oferta y demanda de los citados juguetes. Mismos que calificamos como una anécdota en estas líneas, veremos como ellos responden a cambios socio culturales de los individuos en su relación con el otro y naturalmente consigo mismo.

La naturaleza de los tiempos ha cambiado la visión de las relaciones sexuales, de la orientación sexual y de las nuevas formas del disfrute erótico, tanto personal como colectivo. Somos testigos que ya no existe una sola orientación sexual, ni tampoco todas las parejas mantienen el mismo tipo de relaciones, que se puede también estimular la imaginación y jugar con ella.

Como dato este negocio movió casi US$27.000 millones en 2019 a nivel planetario y su crecimiento parece explicarse abordando dos binomios temáticos de la postmodernidad, “la soledad y el hedonismo”, podemos estar rodeados de personas y en el fondo de nuestra naturaleza sentirnos solos, esta condición única nos hace sentir el valor de nuestra individualidad y la necesaria y también rica alimentación de nuestra colectividad. Nuestra sociedad ciertamente hoy valora la  “liberalización y el goce”, es claro que nuestras dinámicas sociales son menos prejuiciosas que la de nuestros padres o abuelos, abiertamente más libres, donde la exploración individual y el sentido de lo lúdico dejó de ser tabú en el plano personal y en pareja.

Tal vez después de la pandemia podamos ver que nos necesitamos irremediablemente como sujetos emocionales, más humanos y sobre todo libres.  Como individuos tendremos la tarea de encontrar maneras para que la autonomía de un Vibrador, Satisfyer o Anillo no priven a los seres humanos de lazos afectivos y sexuales.

Registramos cambios en cómo nos relacionamos y en las actitudes de los individuos frente al sexo y el placer en su dimensión práctica y empírica. No debemos olvidarnos que el tejido de la sociedad se mantiene unido incluso por el contacto físico más pequeño; una llamada o una caricia.  Recordemos que Narciso, mito fundacional de la cultura occidental, quedó fascinado con su imagen reflejada en el agua, sin reconocerla como suya.

Cuando hablamos de Cisne Negro, para catalogar la pandemia del coronavirus o Covid-19 observamos como ésta se ha convertido en nuestro tema central como sociedad. Al parecer nos acostumbramos a vivir en un mundo ideal de cisnes blancos, hasta que la repentina aparición de un cisne profundamente color carbón nos derrumba nuestras percepciones y hasta nuestras creencias previas, obligándonos a replantearnos cómo funciona todo y evaluar la mirada posthistórica de los acontecimientos y como era previsible ante la crisis surgen ganadores y perdedores, nuevos paradigmas y muchas preguntas.

*El autor es Presidente Fundación Global África Latina, Consultor, Docente e Investigador, Colaborador de las Universidades Udabol, Upci, Unilogos y las consultoras Chuecas y Asociados, México e Icpsa Honduras.

Foto portada: Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay

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