¡¡¡Arabia Saudita!!!

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¡¡¡Interesante!!! Arabia Saudita pudo remontar por 2-1 en menos de cinco minutos a una Argentina dotada de sus mejor jugadores, muchos de ellos probados en el extranjero, mientras que los sauditas no han conocido más liga que la suya propia. A diferencia de los sudamericanos, nueve de sus integrantes sólo han jugado en su propio territorio, no han salido como embajadores del futbol de su país para ostentar una fama que se cae como plomo cuando se exhibe con afán personalista.

Arabia Saudita inició el Mundial, el primero que tiene lugar en Medio Oriente,  siendo el menos favorecido, pero mostró un juego dinámico y tenaz. Argentina, por el contrario, salió a la cancha como si ésta fuera suya; aunque no logró gran cosa en los 90 metros de ancho y 120 metros de largo que mide el rectángulo, según datos reglamentarios de la Federación Internacional del Futbol Asociación (FIFA).

El balón puede caber ahí, pero también es un lugar donde las tácticas se imponen y los sauditas lograron hacer lo más difícil de este Mundial: vencer a una potencia del balón que se la toma todo a lágrima cuando no vence.

Se dice que el Rey Salmán Biz Abdulaziz prometió darle un millón de dólares a los jugadores sauditas. Los rumores siempre son eso, no se pueden confirmar, pero si lo hizo y estos reaccionaron favoblemente, habría que pensar en que esos estímulos también funcionan. Lo que sí sucedió fue que el monarca decretó el miércoles 23 de noviembre como un día feriado en honor a la victoria lograda por sus futbolistas.

Ahora México, la tendrá difícil, pues enfrentará a una Argentina a la que seguramente no la motivaron igual, pero llegará molesta para acribillar a la selección azteca. El siguiente partido es el más importante para ambos, pues si México empata o gana, puede pasar al anhelado cuarto partido, mientras que los albicelestes ya podrían estarse despidiendo de las arenas de Medio Oriente.

Lo más curioso fue que la escuadra saudita realizó el mismo estilo de juego que los argentinos suelen hacer en estos certámenes: ir al frente, meter goles, y retraerse para defender la ventaja como una ostra.

Los seleccionados nacionales no tienen una buena delantera, y hasta estuvieron a punto de perder con un penalty de Polonia, que se vieron más seguros en todo momento. Si no hubiera sido por la habilidad de Guillermo Ochoa, que mantuvo las esperanzas mexicanas de seguir en el circuito futbolero más importante del mundo, ya prácticamente el país lo estaría lamentando, así como los restaurantes, bares y cantinas.

 

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