Kim Il Sung, gran hombre del siglo

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La historia de la humanidad conoce muchos hombres célebres, pero ninguno como  Kim Il Sung (1912-1994), que sigue disfrutando de admiración y respeto de los pueblos del mundo.

Kim Il Sung, eterno Presidente de la República Popular Democrática de Corea, autor de la idea Juche, que ilumina el camino a seguir por la humanidad, fue un pionero y orientador de la era de la independencia.

A unos diez años de edad, en los primeros días de su lucha por lograr la libertad y emancipación del país de la ocupación militar de Japón (1905-1945), concibió la idea Juche, la de que el dueño de la revolución y su construcción son las masas populares y la fuerza que las impulsa la tienen también las masas populares, es decir la de que el dueño del destino de uno es uno mismo y la fuerza que lo fragua la tiene también uno mismo, lo cual constituyó un gran evento histórico que le indicó un verdadero camino para forjar el destino a las masas trabajadoras oprimidas de todo el mundo que otrora eran objeto de la agresión, el saqueo, la dominación y la subyugación del imperialismo.

Con la conciencia de que el dueño de la revolución coreana son los revolucionarios coreanos y nadie les regala la independencia del país, conciencia de que solo el apoyo en la fuerza de la propia nación hace posible alcanzar la independencia, libró una gran guerra contra un millón de huestes japonesas y finalmente logró la histórica causa de la liberación nacional (15 de agosto de 1945).

Después de la liberación, a partir del constante principio de la independencia, presentó una línea de la construcción del país conveniente a la realidad del país y los intereses del pueblo. Y estableció un Estado genuinamente popular donde las masas son dueñas de todo y todo está a su disposición. Valiéndose del ilimitado poderío de la idea Juche, derrotó a los agresores armados de 16 países encabezados por los imperialistas yanquis que se jactaba de su “supremacía” del mundo y logró la gran victoria en la Guerra de Liberación de la Patria (1950-1953). A pesar de que EE.UU. cacareó que Corea popular no se levantaría ni en 100 años en los escombros de guerra, levantó un poderoso país socialista, soberano, independiente y autodefensivo.

La idea Juche, cuya veracidad, cientificidad, justeza y vitalidad fueron comprobada por la realidad de Corea, llamó la atención de la comunidad internacional y fue propagada a todas partes de los cinco continentes.

Despertó a la humanidad del letargo de varios milenios y le abrió una nueva era de la independencia y en la historia se inició la impetuosa corriente de la independización del mundo.

Kim Il Sung era un eminente y veterano político del mundo que a lo largo de su vida orientó la realización de la causa de la independencia de la humanidad, bajo la bandera del antiimperialismo y la independencia.

Aun en los torbellinos políticos mundiales, sin vacilación alguna y manteniendo firmemente la independencia, condujo hacia la victoria la causa antiimperialista y de independencia del mundo.

Cuando en el Kremlin se arrió la bandera del socialismo que ondeaba durante 70 años y en varios países el socialismo padecía la frustración y los reveses, dispuso que su país siguiera enarbolando la bandera del socialismo y estimuló a los pueblos progresistas del mundo a avanzar constantemente por el camino de la independencia.

Kim Il Sung era un internacionalista auténtico.

En los días de la lucha antijaponesa hizo que los combatientes coreanos ayudaran en la revolución china a riesgo de la vida y defendieran con las armas a la antigua Unión Soviética. Durante la crisis de los misiles de Cuba en los años de 1960 estuvo en la vanguardia para apoyar la revolución cubana en la arena internacional. Y en los días del “incidente del golfo de Tonkín”, ayudó activamente la resistencia del pueblo vietnamita contra EE.UU. En la década de 1970, cuando el Movimiento de los No Alineados se enfrentaba a la crisis debido a las maniobras imperialistas encaminadas a desintegrarlo, se reunió con el presidente Tito de Yugoslavia y le mencionó los principios fundamentales y vías para fortalecer y desarrollar el movimiento. Y en cada etapa del desarrollo histórico, presentó estrategias para alcanzar la victoria de la causa antiimperialista y de independencia del mundo, haciendo que aun en la difícil y compleja situación la causa por la independencia de la humanidad avanzara sin titubeo por su órbita. El único hombre que puede dirigir la revolución mundial es usted, compañero Presidente Kim Il Sung. Le deseo de corazón que siga orientando la revolución mundial y el movimiento comunista internacional, dijo el Presidente Mao Zedong, en los últimos días de su vida.

Fidel Castro Ruz, de Cuba, afirmó que Kim Il Sung era el más experto y prestigioso de los jefes de Estado en el mundo.

Kim Il Sung era un gran hombre sin igual que con su noble humanidad y virtudes conmovió al mundo. Sus infinitamente nobles rasgos y efervescente humanidad fueron sustentados en la más sagrada visión y apego al hombre. Sus memorias son como los libros sagrados del amor al hombre. En sus memorias En el Transcurso del Siglo escribió: Yo venero algo como si fuera a Dios. Y este algo es el pueblo. Lo aprecio como si fuera el cielo y lo venero como a un dios. Mi Dios no es otro que el pueblo. En el mundo no hay seres que sean tan inteligentes y omnipotentes como las masas populares. Por eso, tengo como credo de toda mi vida “considerar al pueblo como el cielo”.

El evangelista norteamericano Billy Graham, que había visitado a Corea, expresó: En Corea, no sentí en modo alguno la necesidad de predicar el evangelio. La Biblia contiene la intensión del Dios de que todos amarán a los seres humanos. Y Corea del Norte persigue el amor al ser humano como la política del Estado. El Estado se responsabiliza de la asistencia médica y la enseñanza gratuitas, de la vestimenta, alimentos y viviendas, esta es la política presentada y practicada por el Presidente Kim Il Sung que considera al pueblo como el cielo. El pueblo coreano lo enaltece como a Dios. ¿Para qué valdrá la Biblia en este país?

La fervorosa humanidad y la ilimitada magnanimidad de Kim Il Sung no fueron solo para el pueblo coreano, sino también para todo el pueblo del mundo, por encima de la nacionalidad, la ciudadanía, la creencia religiosa y el criterio político. Gracias a las medidas tomadas por él, Bruno Kreisky, canciller de Austria, que estaba en punto de ser parapléjico, pudo caminar en esta tierra y Emile Tompapa, ex director de la estación de radio de Guinea, Vishwanath de India y otros muchos extranjeros fueron rescatados del dilema de sobrevivir o sucumbir.

Ante la nobleza de sus rasgos se quedaron conmovidos hasta los políticos de los países hostiles a la RPD de Corea. Kanemaru Shin, ex vice premier japonés, dijo que si fuera para él, consagraría sin vacilación hasta su vida. Jimmy Carter, ex presidente estadounidense, expresó que el Presidente    Kim Il Sung es más grande que George Washington, Thomas Jefferson y Abraham Lincoln junto, los más ilustres que representaron la construcción y el destino de Estados Unidos de América.

Kim Il Sung vive en el corazón de la humanidad.

 

 

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