Discurso del camarada líder Kim Jong Un en el desfile militar del 25 de abril

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Pyongyang, Abr. 26, (ACNC).- El estimado compañero Kim Jong Un pronunció el 25 de abril del 111 de la era Juche (2022) un discurso en el desfile militar en saludo al aniversario 90 de la fundación del Ejército Revolucionario Popular de Corea.

Su texto íntegro sigue:

 

Todos los valerosos oficiales y soldados de las fuerzas armadas de nuestra República Popular Democrática de Corea,

Integrantes de las unidades de la parada militar,

Veteranos de guerra, militares ejemplares y hombres de mérito que han sido invitados a esta plaza en fiesta,

Estimados ciudadanos de Pyongyang,

Queridos compañeros:

Hoy efectuamos una solemne parada militar en festejo de una fecha conmemorativa, sumamente significativa y gloriosa para nuestro gran Partido, Estado y pueblo.

En este momento en que irradia sin límites la gloria de la prolongada historia de la construcción del Ejército, todos nosotros estamos presentes aquí con el gran orgullo de contar con sus propias fuerzas armadas que salvaguardan fidedignamente al Partido, la revolución, la patria y el pueblo y aseguran la paz y la estabilidad.

Viendo las fidedignas unidades élite en formación aquí en la Plaza Kim Il Sung con los estandartes de la victoria al frente y apreciando a través de ellas la altura de la modernidad alcanzada por las fuerzas armadas de la República, el pueblo entero reflexionará una vez más que el nacimiento de las primeras y auténticas fuerzas armadas coreanas hace noventa años adquiere una connotación realmente profunda y grande para la historia de nuestra revolución y nación y para el futuro desarrollo del Estado y la nación.

La fundación del Ejército Revolucionario Popular de Corea fue una gesta nacional que declaró una resistencia a muerte contra el imperialismo bajo la bandera de la emancipación nacional y al mismo tiempo un acontecimiento histórico que deparó una nueva era de la revolución jucheana que se apoya en poderosas fuerzas armadas revolucionarias.

El gran significado de este acontecimiento no está solamente en haberle dado la esperanza de tener su propio ejército nacional y de la nueva prosperidad a un pueblo forzado a un destino deplorable por las complejidades de la historia, sino además en haber lanzado la intransigente idea revolucionaria antiimperialista de acabar con las fuerzas armadas a aquellos que violan la dignidad y soberanía nacionales y haber proclamado ante el mundo la indoblegable voluntad de los revolucionarios coreanos de obtener a toda costa con sus propios recursos la libertad y emancipación del pueblo y la victoria de la revolución.

La historia se ha encargado de patentizar la gran certeza de la determinación tomada por los revolucionarios coreanos para allanar el destino y el futuro de la nación.

El arma de la revolución empuñada por los excelentes hijos del pueblo coreano en los bosques del Paektu fue el emergente espíritu de independencia y la esperanza de la nación, la bandera de la gran unidad y el motor que le cargó el ímpetu de la autoestima y el gran poder a los puños del coreano con los que este se enjugaba las lágrimas.

Precisamente en ese destacamento se maduró el grandioso proyecto de la revolución coreana, nacieron el inquebrantable espíritu y la fuerza de acero para derrotar a la tiranía imperialista y se estableció la gran tradición de importancia fundamental y permanente en el desarrollo de nuestra revolución.

Esa idea, convicción y tradición que nuestras fuerzas armadas revolucionarias vienen atesorando y llevando adelante desde sus primeros días han sido el fondo de su potencial espiritual y la garantía de sus victorias consecutivas que les han permitido tomar la conciencia de su intrínseco carácter y misión revolucionarios y clasistas en el cruentísimo enfrentamiento antiimperialista, en la avanzada de la lucha de clases y en medio de circunstancias históricas en constantes cambios, así como hacer gala del heroísmo y sacrificio imperecederos en la defensa del Partido, la revolución, el territorio y el pueblo.

Nuestro Partido y pueblo se sienten infinitamente honrados y orgullosos de tener a un ejército tan valeroso, tan fuerte y tan fiel que logró la gran causa de la liberación del país y el resurgimiento de la nación a través de un bregar ensangrentado sin parangón, que rechazó con un heroísmo sin par la agresión de la alianza imperialista acaudillada por el imperialismo estadounidense, salvaguardando con honor la soberanía y la dignidad de la patria, y que en todo el proceso de la revolución y construcción socialistas realizó hazañas de victorias sucesivas defendiendo con su noble abnegación a su Partido en poder, su Poder popular, su territorio y su pueblo.

No hemos de olvidar que todas nuestras valiosas conquistas son fruto de las proezas de nuestro ejército revolucionario y que estas se colocan por encima de todo.

No solamente como encargado de la defensa nacional sino además como fuerza poderosa que impulsa el desarrollo estatal, nuestro ejército revolucionario ha trabajado en todo momento con abnegación en colosales labores revolucionarias destinadas a respaldar el proyecto del Partido y materializar su grandioso ideal, realizando méritos inigualables en la creación de una nueva historia de la construcción socialista y el enaltecimiento de la dignidad y el honor de nuestro gran Estado.

Gracias a las proezas inmortales que nuestras fuerzas armadas revolucionarias han realizado en los nueve decenios al defender a todo trance la estirpe de la revolución coreana y la idea y la causa del Partido del Trabajo de Corea, considerando como su primera razón de ser y mayor honor la fidelidad al Partido, Poder y pueblo, y asegurar plenamente la existencia y el desarrollo del Estado y el bienestar del pueblo, la historia de la revolución coreana que se remonta a un siglo se engalana de triunfos y glorias.

Todos nosotros tendremos a toda hora bien presentes que en los años más arduos de la revolución nuestras grandiosas fuerzas armadas han abierto el camino situándose siempre en la vanguardia y que las gloriosas y orgullosas victorias de la República se han logrado al precio de la noble sangre, sudor y sacrificio del ejército revolucionario.

Los oficiales y soldados de las unidades élite de las fuerzas armadas de la República que pronto desfilarán con la frente bien alta en esta cita de triunfadores, y todos los demás militares que en estos precisos instantes protagonizan hazañas en sus puestos aéreos, terrestres y marítimos y en las inmensas obras de la construcción socialista, son dignos y orgullosos continuadores y representantes de la gloriosa historia de nuestras fuerzas armadas.

Aprovecho esta significativa oportunidad para rendir mi más profundo homenaje, representando al Partido y Gobierno, a los mártires de la revolución antijaponesa y del Ejército Popular quienes dieron su preciosa vida para la soberanía y la independencia de la patria, la emancipación del pueblo, la consolidación de las fuerzas armadas revolucionarias y el avance victorioso de la causa socialista. Igualmente extiendo mis calurosas felicitaciones a todos los integrantes del Ejército Popular de Corea y demás fuerzas armadas de la República que siguen avanzando como sucesores de la gran obra emprendida por los mártires revolucionarios.

De la misma forma, agradezco de todo corazón a todas las familias del país que tienen a sus amados esposos e hijos en la primera línea de la defensa nacional.

Compañeros:

La gloriosa historia de noventa años de las fuerzas armadas revolucionarias que han venido garantizando con el fusil el fortalecimiento y la prosperidad de la patria debe proseguir por cien y mil años.

En la era que pronto devendrá debemos seguir glorificando al ejército poderoso y fortalecernos a un ritmo más acelerado, incomparable con el de los pasados 90 años.

En el mundo actual caracterizado por la confrontación enconada de las fuerzas, la soberanía y los derechos del Estado y la paz auténtica y confiable se aseguran por una poderosa autodefensa capaz de aplastar a cualquier enemigo.

Debemos seguir siendo fuertes.

En la tarea de cultivar la fuerza para la defensa propia no puede haber satisfacción ni fin. Sea cual fuere el adversario, nuestra superioridad militar debe ser cada vez más cierta.

La revolución lo exige y de ello depende el futuro de la posteridad.

La línea general de la construcción de nuestras fuerzas armadas revolucionarias es hacer invencible al Ejército Popular.

Invencible debe ser el calificativo eterno de nuestro ejército que lo honrará apropiadamente como fuerzas armadas revolucionarias.

El Ejército se atendrá estrictamente al rumbo y la línea general del Partido sobre su construcción y abrirá con ímpetu su nueva etapa de desarrollo.

Para ello es necesario tomar como meta esencial su fortalecimiento político-ideológico y militar-técnico, consolidarse como tropas infinitamente fieles a la dirección del Partido del Trabajo de Corea y a su causa revolucionaria e impulsar más su desarrollo como fuerzas élite que tengan el suficiente coraje, aptitud y confianza para encarar sin vacilación cualquier guerra o crisis.

El fortalecimiento político-ideológico es lo más fundamental de la construcción de nuestro ejército y su primerísima tarea estratégica.

La preparación político-ideológica del ejército y la ideológico-espiritual de las masas militares, protagonistas de las fuerzas armadas, devienen el fundamento de la preparación del ejército revolucionario para que cumpla cabalmente su misión como tropas del Partido, el pueblo y la clase y responda de forma activa a cualquier tipo de guerra y crisis.

El firme espíritu revolucionario y conciencia clasista del ejército, que debemos cultivar con mayor ahínco en adelante, desempeñarán el papel decisivo en elevar la capacidad de combate y la de la defensa nacional.

Las peculiaridades de la revolución coreana, entre ellas la continua sucesión de las generaciones de la revolución y el enfrentamiento prolongado con el imperialismo cada día más cruel, presentan como tarea estratégica más apremiante de la construcción de ejército y la lucha antiimperialista heredar con firmeza la gran idea y el espíritu revolucionarios que se arraigan en el monte Paektu. Solo al tomarla como núcleo de la construcción del ejército, podemos mantener y fomentar con seguridad la superioridad cualitativa de nuestras fuerzas armadas revolucionarias.

A todas las organizaciones partidistas y órganos políticos del Ejército Popular les incumbe seguir vigorizando la revolución ideológica y concentrarse en cultivar la idea revolucionaria y la fuerza espiritual entre las masas militares.

Darán prioridad a la formación del ejército como tropas fuertes en la ideología y la convicción y prepararán a todos los oficiales y soldados como vanguardias ideológicas que combatan solo según la idea revolucionaria y voluntad del Comité Central del Partido, encarnen la inquebrantable conciencia clasista y el indoblegable espíritu de combate, no desvíen en lo mínimo el tiro al blanco fijado por el Comité Central del Partido y no dejen sin reventar una sola bala.

Asimismo, deben impulsar con energía el fortalecimiento del ejército en lo militar-técnico a fin de elevar notablemente su combatividad.

La tendencia mundial del desarrollo de las fuerzas militares y los cambios vertiginosos de la situación de la guerra actual nos exigen modernizar con mayor celeridad al ejército en lo militar-técnico.

Bajo la bandera de su modernización haremos lo que esté a nuestro alcance para su elevada dotación militar y técnica.

Actualizarán el sistema de formación de talentos militares para incrementar el número de oficiales competentes capaces de dirigir con habilidad las unidades de distintos ejércitos y armas, y elevarán el nivel de modernización de los ejercicios de operación y combate para que todas las unidades militares cumplan satisfactoriamente cualquier misión.

A los sectores de la ciencia y de la industria de defensa nacional les atañe desarrollar y emplazar más armas sofisticadas de la nueva generación, para así elevar ininterrumpidamente el poderío militar del Ejército Popular.

En particular, consolidarán en lo cualitativo y cuantitativo las fuerzas armadas nucleares, símbolo del poderío estatal y fundamento de nuestras fuerzas militares, de manera que ellas demuestren su capacidad de combate en cualquier circunstancia de la guerra, como distintos medios y conforme a objetivos y misiones de diferentes operaciones.

La situación creada nos apremia tomar medidas más drásticas para asegurar de manera permanente y firme la modernidad y la superioridad militar-técnica de las fuerzas armadas de la República.

Ante los bruscos cambios de la situación político-militar y posibles crisis del futuro, seguiremos marchando con mayor celeridad y brío por el camino de la construcción de las fuerzas armadas autodefensivas y modernas. Sobre todo, seguiremos tomando las medidas destinadas a consolidar más, con la máxima velocidad, las fuerzas nucleares que posee nuestro Estado.

La misión principal de nuestras fuerzas armas nucleares es disuadir la guerra. Pero, ellas no pueden estar limitadas a la única misión de prevenir el conflicto aun en el caso de que en este territorio se haya creado una situación nada grata para nosotros.

Si alguna fuerza intente perjudicar los intereses fundamentales del Estado, nuestras armas nucleares se verán obligado a cumplir resueltamente su segunda misión, contra su voluntad.

Las fuerzas nucleares de la República estarán bien listas para ejecutar en cualquier momento su misión de responsabilidad y su típica disuasión.

Compañeros, oficiales y soldados del Ejército Popular:

Ahora nuestras fuerzas armadas están todo preparadas para cualquier contienda.

Cualquier fuerza que intente una confrontación militar con la RPD de Corea será destruida.

Todas las fuerzas armadas de la República que tienen como núcleo al heroico Ejército Popular avanzarán con valentía y firme confianza de su causa, afrontando todos los retos, serán fieles a su sagrada misión de preservar el bienestar, la dignidad y la felicidad del pueblo, y garantizarán plenamente el desarrollo de nuestro socialismo con su indestructible superioridad militar.

Todos los oficiales y soldados de las fuerzas armadas de la República:

La causa del socialismo a nuestro estilo saldrá siempre victoriosa mientras sus corazones laten con la sangre y el noble espíritu de los mártires revolucionarios, y mientras las fuerzas armadas revolucionarias encabezan siempre nuestra revolución encarnando la idea y voluntad del Partido del Trabajo de Corea y el poderío de nuestro Estado y pueblo.

Comandantes y soldados del Ejército Popular de Corea y de todas las demás fuerzas armadas de la República:

¡Luchemos con vigor por el bienestar y la felicidad de nuestro gran pueblo, por la eterna gloria y victoria de nuestro gran Estado!

¡Viva nuestras grandes fuerzas armadas revolucionarias!

¡Viva la República Popular Democrática de Corea, nuestra gran patria!

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