A propósito de la élite

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El mundo es un lugar complejo lleno de actores y procesos en las sombras, escuchamos los términos Nuevo Orden Mundial y lo definimos como la existencia de un plan diseñado con el fin de instaurar un gobierno único, burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocrático a nivel global, pero ¿cuál es el origen, dónde aparecen y cómo actúan?

Objetivamente, la expresión Nuevo Orden Mundial se ha usado para referirse a un nuevo período de la historia, cambios drásticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes. El primer uso de esta expresión aparece en el documento de los Catorce Puntos del presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, que hace una llamada, después de la Primera Guerra Mundial, para la creación de la Sociedad de las Naciones; antecesora de la Organización de las Naciones Unidas. Actualmente, 100 años después, de las primeras definiciones teóricas del concepto estamos frente a un binomio de poderes; dos organizaciones privadas controlan las agendas globales, a saber:

1) La Comisión Trilateral es una organización internacional privada fundada en 1973, una iniciativa de David Rockefeller, ex miembro ejecutivo del Council on Foreign Relations y del Grupo Bilderberg, además de otro brazo de incidencia.  La Comisión Trilateral aglutina a personalidades destacadas de la economía y los negocios de las tres zonas principales de la economía capitalista o del centro: Norteamérica, Europa y Asia-Pacífico. Precisamente la inclusión de miembros de Japón es la principal diferencia con el Grupo Bilderberg, básicamente una organización de influyentes actores de la élite de occidente.

2) El Grupo Bilderberg es, quizás, más conocido que su organización hermana, la llamada Comisión Trilateral. El Club Bilderberg, como se denominan sus participantes, reúne cada año a los representantes del poder real global. Unos 130 líderes de la más alta élite financiera, empresarial, política, académica y de los medios de comunicación del primer mundo, fundamentalmente de Estados Unidos y Europa. En Bilderberg se discuten y coordinan las políticas que se aplicarán a nivel global y se resuelven diferencias entre los distintos proyectos de dominación, se toman decisiones que a la larga afectan a un mundo global y sus habitantes: CEO’s y dueños de los principales bancos y corporaciones como Goldman Sachs, Barclays, Lazard, JP Morgan Chase, Rothschild, HSBC, Google, Shell, Exxon, British Petroleum, Bayer, Nestlé, PRISA, Ericsson, Fiat Chrysler, Hewlett Packard, etc, coordinan acciones globales junto a representantes de la alta nobleza europea, los líderes militares de la OTAN y de servicios de inteligencia como la CIA y el MI6; reuniones a las cuales se accede sólo por invitación y de acuerdo con el rango de influencia, sea económica o política.

El club, reunido por vez primera en 1954 en un hotel holandés (el «Bilderberg») a petición del príncipe Bernhard de Holanda, proclama, por su parte, que su objetivo es «favorecer el diálogo entre Europa y Norteamérica».

Como decíamos, gran parte de los miembros de Club Bilderberg son a su vez miembros de la Trilateral Commission (Comision Trilateral), institución también fundada por iniciativa de David Rockefeller; nada queda al azar ni a casualidad en estas esferas del poder mundial.

El Nuevo Orden Mundial podría ser definido como la concentración del Poder en muy pocas manos, lo que siempre desemboca, como ya conoce la memoria europea, en un totalitarismo y un discurso hegemónico.

“En muchos casos, Bilderberg se asemeja al nazismo de Hitler cuando impide la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión. Y es que los propietarios de la industria mediática y del entretenimiento son los grandes fondos de capital que diseñan un mundo vacuo de ideas en sus laboratorios sociales”, de acuerdo con Cristina Martín Jiménez, experta internacional en Bilderberg.

Uno de los principales temas que se discuten en el ámbito de las ciencias sociales y, especialmente en geografía política, es el conflicto entre lo global y lo local. Esto ha dado lugar a la aparición de una amplia gama de propuestas y a la revalorización de distintos pensadores de lo local, la identidad y el sentido de pertenencia, un aspecto realmente claro de esta situación es que estamos frente a un imperativo global; muchas veces totalizador.

El proceso globalizador implica distintas velocidades de incorporación de cada uno de los espacios. Esto conduce a la constitución de esquemas territoriales fragmentados en función de este desarrollo alterando el llamado «concepto unificador de escala» tal y como nos lo dice David Harvey.

Recordemos que en el proceso de construcción de sociedad tanto en Gran Bretaña como en EEUU surgen una serie de centros privados de estudio y planeamiento estratégico conocidos como think tanks ó brains trust, que podrían traducirse como semillero de ideas o bancos de cerebros; centros de pensamientos, todos de larga data y potentes cuerpos intelectuales.

El objetivo visible y declarado de estos centros era y es dedicarse a indagar en diferentes materias de actualidad mundial como relaciones internacionales, economía política, demografía, proliferación de armas nucleares, seguridad agroalimentaria, etc.

Algunos de estos selectos círculos fueron el Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU, el Instituto Real de Asuntos Internacionales de Inglaterra, el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas, la Corporación RAND, la Institución Brookings, la Sociedad de las Américas, la Fundación Hermitage, así como muchos otros.

Lo común de estas organizaciones es su activa relación con tanto con la Comisión Trilateral como el Club Bilderberg y una docena de organizaciones no lucrativas manejadas por el poder global, ejemplo de ello puede en la página web de la Comision Trilateral, que define: «Es un grupo de análisis no gubernamental orientado hacia la política y que promueve la cooperación y el entendimiento global entre las naciones desarrolladas. La idea, es fomentar una cooperación estrecha entre las áreas industrializadas centrales del mundo, con responsabilidades de liderazgo compartido en el sistema internacional en su conjunto.

Desde sus inicios, esta agrupación ha ido incrementando la nómina de participantes, de modo tal que hoy en día hay personalidades de muchos países del mundo por fuera de las tres regiones más importantes. A tal punto se ha llegado en este sentido que, actualmente, sus miembros proceden, por ejemplo, de países inicialmente excluidos como República Checa, Hungría, Bulgaria, México, Venezuela, Chile, Corea, Malasia, China, Rusia, Marruecos e Israel.

Por su parte, la existencia del grupo Bilderberg suscita una multitud de teorías conspirativas, alimentadas durante años por la ausencia de comunicación en torno a las reuniones.

Sus detractores ciertamente lo describen como una suerte de gobierno mundial en la sombra, que toma decisiones cruciales sin ningún control ni legitimidad democrática. Otros críticos consideran que defiende una globalización ultraliberal, sea cual fuere el caso es evidente que este es un espacio de lobby internacional entre actores poderosos que, de cierta forma, definen escenarios globales y que determinan el destino de millones de personas.

El club, reunido por vez primera en 1954 en un hotel holandés (el «Bilderberg») a petición del príncipe Bernhard de Holanda, proclama, por su parte, que su objetivo es «favorecer el diálogo entre Europa y Norteamérica», quizás de allí proviene su misterio.

Como agenda global en estas reuniones destacan la emergencia de temáticas de interés estratégico y mundial, aquí un ejemplo: 1.- Un Orden Estratégico Estable. 2.- ¿Qué sigue en Europa? 3.- Cambio Climático y Sustentabilidad. 4.- China. 5.- Rusia. 6.- El Futuro del Capitalismo. 7.- El Brexit. 8.- La ética de la Inteligencia Artificial. 9.- El armamento (weaponisation) de los Medios de Comunicación Social. 10.- La importancia del Espacio. 11.- Cyberamenazas.

Naturalmente, todos estos ejes están a su vez vinculados entre sí y con la mayoría de los abordados en reuniones precedentes del Grupo Bilderberg y su contraparte. Objetivamente, la presencia de China (como potencia económica global) y Rusia (como potencia militar) suelen ser temas a tratar todos los años y preocupar a los actores de las finanzas y el poder mundial.

De acuerdo con el trabajo titulado “Una economía para el 1%” de la ONG Oxfam, sólo 62 magnates del globo poseen el equivalente a la riqueza de más del 50% de la población mundial; es decir de 3,600 millones de personas. La concentración además se incrementa año tras año.

¿Entonces se podría hablar de “dueños” del mundo? ¿Unas pocas personas manejan la economía y la política a nivel global? ¿Es o no es una exageración definir la influencia de estos grupos? Es claro que habitamos un planeta con infinidad de culturas, gobiernos, corporaciones, etc; sobre todo, con una gran diversidad de intereses. Sabemos también que existe una élite financiera y política global, ahora de la conspiración y cuánto de realidad juzgue usted…

Hoy por hoy además vivimos una pandemia sin precedentes y cuyo fin aún no parece claro. Ni menos se vislumbra una fecha de término, vemos cómo los líderes globales, los sistemas de sanidad, diplomáticos y los analistas geopolíticos analizan la realidad. Sabemos que vivimos una coyuntura global de profundos cambios y formas de relacionarnos, de aquellas que hacen época y, mientras tenemos un ojo puesto en el día a día, en la lucha contra el Covid 19, el otro comienza a asomar la crisis que nos dejará el coronavirus en el futuro inmediato: los legados de la crisis, las ideologías enfrentadas, influencia de bloques de poder, liderazgos y sistemas de cohesión social están siendo sometidos a prueba ante la opinión pública mundial (cuanto de esto se dice relación con los poderes y los escenarios revisados por la élite). Objetivamente una gran pregunta, pues a estas alturas, todos los habitantes de la aldea global comienzan a extraer sus propias y alambicadas conclusiones.

* El autor es presidente de la Fundación Global Africa Latina, miembro activo Siisdet y director de la Universidad Unilogos Miami Florida.

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