La modestia del mandatario coreano

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Se trata de la sinceridad de Kim Jong Un, Presidente del Comité de Estado de la República Popular Democrática de Corea. En los documentales sobre sucesivas visitas del líder coreano suelen aparecer él responder, con la cintura doblada, al saludo de las gentes y susurrar sin cumplidos con sonrisas.

En las casas nuevas de los trabajadores a las que se mudaron, sentado en el suelo del cuarto, conversa con dueños y también enseña a los niños el método de dibujar. Son escenas que dan impresión de que es más que el Jefe de Estado la cabeza de una
familia.

Su imagen pro popular es verdaderamente impresionante. En las unidades productoras en las que está, dialoga con los funcionarios del lugar como amigos de largo tiempo y a los obreros que le siguen les agita reiteradamente la mano con la amplia sonrisa en el rostro. En su imagen no se nota ni la ficción ni el amaneramiento.

He aquí un episodio de su modestia.

El primero de mayo de 2012 el mandatario acudió en el establecimiento cultural y de servicio público de una fábrica y muy contento entró también en la barbería en el segundo piso. Conversó con los barberos y al oírle decir que habían sido adiestrados en Pyongyang, le preguntó si le podrían servir, que es una imprevisión.

Los locutores se quedaron tan aturdidos que no pudieron contestar. ¿Quién me va a servir?, preguntó Kim Jong Un. Los barberos se ofrecieron todos para servirle. ¿Dejo depositada mi cabeza en estos compañeros?, dijo sonriendo el mandatario. Todos lanzaron aclamaciones. Ganaré el tiempo para venir aquí, agregó el líder.

Además, cierta vez, Kim Jong Un visitó un nuevo jardín de la infancia, se acercó a una niña que jugaba al médico y arremangándose dijo que le examinara. ¿Dónde le duele?, preguntó
la niña y le aplicó el estetoscopio, escena que conmovió a todos los observadores.

¿En qué consiste la razón por la que él se aviene tan bien con las personas? Consiste en su noble idea de considerar que él es más que el dirigente del pueblo el hijo y el fiel servidor del mismo.

Los coreanos lo respetan llamándolo “nuestro Mariscal”, “nuestro padre”.

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