La maraña electoral

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El año pasado en Japón el primer ministro, Shinzo Abe anunció el 28 de septiembre la disolución de la Cámara Baja del Parlamento, convocó a elecciones anticipadas que se realizaron el 22 de octubre. En febrero del 2018 el presidente venezolano Nicolás Maduro tomó una decisión similar y llamó a votar el próximo 22 de abril, la campaña durará escasos 16 días, mientras, en México el proceso electoral arrancó formalmente el16 de diciembre del 2017 y concluirá el 1 de julio. Cabe preguntarse: ¿A quién beneficia una elección tan prolongada y costosa? No olvidemos que los mexicanos atraviesan momentos difíciles debido a la inflación y a la inseguridad que prevalecen. Todavía no se recuperan de los estragos de los sismos del 7 y 19 de septiembre.

En este contexto, ¿no hubiera sido más sensato reducir las campañas a la mitad del tiempo y que ese dinero se utilizara en otras necesidades más apremiantes? El Instituto Nacional Electoral (INE) elude este debate. Ellos se benefician del dispendio. El sistema mexicano pasó de campañas presidenciales donde solo había un contendiente, como el caso del candidato presidencial José López Portillo, a un proceso electoral interminable cuyo problema de origen fue que se diseño para desalentar la participación ciudadana.

Lo más grave en este ejercicio democrático que inició hace dos meses es que no se toman en cuenta las opiniones ni las necesidades de la sociedad. Sólo se trata de derrochar recursos del erario público y subastar el mayor número de puestos. Los precandidatos prefirieron descalificarse y denotar al oponente para ganar adeptos. Ha habido pocas propuestas y lo mismo se espera que suceda en las intercampañas.

Para la opinión pública lo acontecido hasta el momento es una farsa; un acto de simulación. Las campañas negras crecerán de intensidad en la medida que nos acerquemos al día de ir a las urnas. Incluso existe el riesgo que algún candidato o gente cercana a su entorno permita la entrada del dinero del narcotráfico. Bajo este esquema es imposible resolver la inseguridad en México.

Problemas añejos

En medio del desaliento, vale la pena destacar la participación de la todavía precandidata presidencial María de Jesús Patricio Martínez, en sus giras de trabajo ha encontrado las mismas dificultades en todos los lugares: La explotación de la tierra, el abuso sobre los pobres, la devastación, la violencia y la discriminación. “México está secuestrado por el dinero y el poder. El mensaje de los pueblos originarios es que no estamos de acuerdo con el modelo capitalista que ha prevalecido y nos destruye”. Advirtió que el cambio debe venir de la sociedad desde las comunidades organizadas, “no llegará con los partidos políticos, quede el color que quede”.

¿Qué impide a la sociedad civil organizarse y tirar el sistema político que lo oprime? Entre las muchas razones a destacar es que los mexicanos no toman conciencia de que el capitalismo los ha hundido. Los sectores vulnerables se ocupan de su sobrevivencia y la clase media que ha sido golpeada en su poder adquisitivo prefiere seguir de arribista y vivir con la falsa ilusión de que se salvarán de manera individual.

El político e historiador Antonio Tenorio Adame indica la raíz de esta tragedia en su libro El primer patriotismo constitucional: “La idea de la individualidad ha monopolizado la conciencia de occidente, estamos irremediablemente solos, sin identificación en su totalidad, ni poder disolverse en ningún grupo, ni menos todavía un Estado capaz de ser la prístina expresión de una identidad colectiva. Cada vez se piensa por mayor número que la patria es uno mismo”. Así no hay esperanza.

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