Rememora el Rey Mohammed VI, sacrificio y lealtad por la libertad y la independencia de la patria marroquí

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Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista, dirigió, la noche de hoy viernes, un discurso a la Nación con motivo del 68º aniversario de la Revolución del Rey y del Pueblo

He aquí el texto íntegro del discurso real:

«Loor a Dios, la oración y el saludo sean sobre nuestro señor Enviado de Dios, su familia y compañeros,

Querido pueblo,

La conmemoración del aniversario de la Revolución del Rey y del pueblo es una excelente ocasión para rememorar los valores de sacrificio y lealtad, por la libertad e independencia de la Patria.

Esta revolución no sólo constituye un acontecimiento histórico, sino más bien una revolución permanente, que inspiró a las sucesivas generaciones, con idéntico espíritu patriótico de defensa de la patria y de sus instituciones y valores sagrados.

Tal efemérides llega también unos días antes de las próximas elecciones, coincidiendo con una nueva etapa de proyectos y reformas que tiene lugar en el marco de la puesta en marcha del Modelo de desarrollo y del Pacto nacional por el desarrollo.

Estas citas electorales destacan por coincidir con la celebración de las elecciones legislativas, regionales y locales en una misma fecha.

Ello viene a confirmar el arraigo del ejercicio democrático y la madurez del edificio político marroquí.

Querido pueblo,

Las elecciones no son una finalidad en sí mismas, sino un medio para establecer unas instituciones que gocen de credibilidad, estando al servicio de los intereses de la Nación y en defensa de sus causas.

Porque estamos convencidos de que el Estado toma su fuerza de sus instituciones, así como de la unidad y cohesión de sus componentes nacionales. He aquí el arma que nos permite defender nuestro país en los momentos difíciles y de crisis, así como cuando surgen amenazas.

Esto mismo ha sido demostrado de modo palpable al hacer frente a los últimos ataques, sistemáticamente dirigidos contra Marruecos desde algunos países y organizaciones, conocidos por su hostilidad a nuestro país.

Marruecos está en el punto de mira porque es un país con una arraigada historia que se remonta a más de doce siglos, amén de su larga trayectoria amazig, cuyos destinos están en manos de una monarquía ciudadana desde hace más de cuatro siglos, en el seno de una sólida cohesión entre Trono y pueblo.

Marruecos está también en el punto de mira por haber sido agraciado con la bendición de la seguridad y estabilidad, lo que no tiene precio, sobre todo en esta época de los cambios y mutaciones que el mundo conoce.

Pero a pesar de todo ello, y gracias a Dios, la reputación de Marruecos es de todos conocida y no se discute, así como se conoce su amplia red de sólidas relaciones, con una confianza y una credibilidad granjeadas a escala regional e internacional.

Querido pueblo,

Marruecos, lo mismo que algunos países de la Unión del Magreb árabe, es objeto de una agresiva operación previamente planeada.

En este sentido, los adversarios de la integridad territorial del Reino parten de posturas preconcebidas y superadas, y no quieren que Marruecos siga siendo libre, fuerte e influyente.

Unos pocos países, sobre todo de Europa, lamentablemente considerados como socios tradicionales, temen por sus intereses económicos, sus mercados y sus centros hegemónicos en la zona magrebí.

Algunos de sus líderes, no han digerido todavía el hecho de que el problema no esté en los regímenes de los países del gran Magreb, sino en sus propios sistemas que, incapaces de seguir las evoluciones, continúan apostados en el pasado.

Los meses pasados han hecho ver que estos países acusan una fuerte debilidad en lo que a respeto de las instituciones del Estado y de sus funciones tradicionales básicas se refiere.

Por ello, al crear infundadas justificaciones y acusar a nuestras instituciones nacionales de no respetar los derechos y libertades, quieren que seamos como ellos. Lo que con todo esto buscan no es otra cosa sino atentar contra su reputación y contra el respeto y prestigio que se han ganado.

Estos países no quieren comprender que las reglas que rigen las relaciones han cambiado y que nuestros países son capaces de administrar sus asuntos y aprovechar sus recursos y potencialidades en beneficio de sus propios pueblos.

Por ello se movilizaron todos los medios posibles, tanto legales como ilegales, distribuyendo roles y utilizando importantes medios de influencia, con el fin de involucrar a Marruecos en problemas y diferencias con algunos países.

Incluso se hallan informes que han superado todos los límites. Así pues, en lugar de llamar al apoyo de los esfuerzos de Marruecos, buscando un equilibrio entre los países de la región, han presentado recomendaciones para obstruir su proceso de desarrollo, so pretexto de que crea desequilibrios entre los países magrebíes.

Por otra parte, organizaron una amplia campaña con el fin de desfigurar la imagen de nuestras instituciones de seguridad, en un intento de influir sobre su fuerza y su eficacia en la preservación de la seguridad y estabilidad de Marruecos, además del apoyo y coordinación que llevan a cabo en nuestro entorno regional e internacional, como bien reconoce un determinado número de países.

Ahora bien, puede que no haya mal que por bien no venga; pues las conspiraciones de los enemigos de nuestra integridad territorial no hacen sino incrementar la fe y la tenacidad de los marroquíes para continuar en la defensa de su país y de sus intereses supremos.

En este contexto, queremos afirmar que vamos a proseguir con nuestra marcha, guste o no guste, y a pesar de incomodar a los enemigos y de la envidia de los rencorosos.

Querido pueblo,

Hay quien dice que Marruecos se expone a tales ataques por haber cambiado su orientación política y estratégica, así como su manera de abordar algunas cuestiones diplomáticas.

Esto no es cierto. Efectivamente, Marruecos ha cambiado, pero no en el sentido que ellos quieren. Nuestro país no admite que se atente contra sus intereses supremos y al mismo tiempo procura establecer relaciones fuertes, constructivas y equilibradas, sobre todo con los países vecinos.

Esta es la misma lógica que gobierna nuestra orientación actual con respecto a nuestras relaciones con la vecina España.

Es verdad que estas relaciones han pasado últimamente por una crisis inédita que ha sacudido fuertemente la confianza mutua y ha planteado numerosas interrogantes sobre su destino.

Sin embargo, hemos trabajado con la parte española en un clima de total sosiego, transparencia y responsabilidad.

Así pues, además de los tradicionales puntos constantes, que constituyen su zócalo, hoy velamos por consolidarlas mediante la comprensión conjunta de los intereses de los dos países vecinos.

He seguido personalmente y de manera directa la marcha del diálogo y el desarrollo de las discusiones.

Nuestro objetivo no consistió únicamente en salir de esta crisis, sino en hacer de la misma una ocasión para revisar los fundamentos y los determinantes que gobiernan estas relaciones.

Con toda sinceridad y confianza, aspiramos a seguir trabajando con el gobierno de España y con su presidente, Su Excelencia el Sr. D. Pedro Sánchez, con el fin de inaugurar una nueva etapa inédita en las relaciones entre los dos países, sobre la base de la confianza, la transparencia, el respeto mutuo y la honra de los compromisos.

Se trata del mismo compromiso que se halla a la base de las relaciones de asociación y solidaridad entre Marruecos y Francia, con cuyo presidente, Su Excelencia el Sr. D. Emmanuel Macron, me unen sólidos lazos de amistad y mutua consideración.

Querido pueblo,

Si la Revolución del Rey del pueblo ha constituido un viraje histórico por el camino de la libertad e independencia de Marruecos, hoy nos encontramos ante una nueva etapa que requiere un compromiso con el verdadero espíritu patriótico, con el fin de afrontar los retos internos y externos.

Queremos aprovechar esta ocasión para rendir un homenaje a las almas de los virtuosos mártires de la Patria, encabezados por el Héroe de la Liberación, Nuestro venerado abuelo, Su Majestad el Rey Mohammed V y su Compañero de lucha Nuestro llorado padre, Su Majestad el Rey Hassan II. Dios tenga a ambos en su Gloria.

Wassalamou alaikoum warahmatoullahi wabarakatouh»

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