Educabilidad e igualdad de género

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Partiendo entonces por el nombre de esta conversación, educabilidad e igualdad de género quisiera hacer algunas precisiones. La igualdad de género es definida por la UNESCO una prioridad mundial estrechamente ligada a los esfuerzos de la Organización para promocionar el derecho a la educación y lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Mediante el Marco de Acción Educación 2030, el ODS 4 tiene como finalidad «garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos» y el ODS 5 tiene como finalidad «lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas».

La Agenda mundial Educación 2030 reconoce que la igualdad de género requiere un enfoque que «garantice no sólo que las niñas y los niños, las mujeres y los hombres obtengan acceso a los distintos niveles de enseñanza y los cursen con éxito, sino que adquieran las mismas competencias en la educación y mediante ella”.

Humildemente hemos trabajado en equipos multidisciplinares en Honduras, Panamá y Guinea bajo realidades muy distintas, pero a la vez donde cuyos contenidos reflexivos son similares, primer punto. La gran mayoría de los estudios orientados a esclarecer la relación entre educación e igualdad social coinciden en centrar la atención en la educación como una condición indispensable para el logro de una sociedad más equitativa.

Actualmente, es común asociar la idea de desarrollo social a aquella sociedad que goza del acceso a bienes y servicios diversos, que es democrática y participativa, igualitaria y equitativa. Se ha dicho también qué sería difícil encontrar a alguien que en el mundo actual negara la importancia de la educación para la salud económica de una nación y objetivamente para el crecimiento, el desarrollo y armonía social de cualquier país, donde la trazabilidad de la igualdad de género es una condición determinante.

Sin embargo, detrás de este aparente consenso, existen múltiples problemas de no fácil solución, tales como: ¿cuánta educación se necesita de cara al desarrollo económico? ¿Quiénes deben recibirla? ¿Cuánto se ha de invertir? ¿Debe darse preferencia a la educación primaria o, por el contrario, los esfuerzos deben centrarse en la secundaria? ¿No es la educación superior un requisito inexcusable para el cambio tecnológico? ¿Cómo conciliar todas estas demandas?, entonces, una sociedad en la que sus habitantes tienen iguales oportunidades y donde existe cierta homogeneidad en sus condiciones de vida como las europeas del norte, Finlandia, Noruega y Suecia son ejemplos de esta percepción. A partir de ello, se entiende que las desigualdades se generan como resultado de las diferencias individuales en cuanto a capacidades y méritos, pero también en el acceso a las oportunidades.

Existen, dependiendo del contexto, grandes desigualdades de género en el acceso, el logro del aprendizaje y la continuación de la educación, resultando ser las niñas, en general, las más desfavorecidas, aunque en algunas regiones los niños se encuentran en desventaja. A pesar de los logros alcanzados, existe un mayor número de niñas sin escolarizar que de niños – 16 millones de niñas nunca irá a la escuela (Instituto de Estadística de la UNESCO) – y las mujeres representan dos tercios de los 750 millones de adultos que carecen de conocimientos básicos de alfabetización.

Entre los numerosos obstáculos que impiden a las niñas y mujeres ejercer su derecho a estudiar, obtener un diploma y beneficiarse de la educación, se encuentran la pobreza, el aislamiento geográfico, la pertenencia a una minoría, la discapacidad, el matrimonio y el embarazo precoces, la violencia de género y las actitudes tradicionales relacionadas con el papel de las mujeres.

Trabajar la igualdad de género desde la escuela, especialmente con los niños y niñas de Educación Infantil y Primaria, puede ayudar a eliminar los estereotipos relacionados con el género y, por consiguiente, a prevenir situaciones de discriminación sexista en el futuro. Esta es la premisa que los tiempos exigen. La mayoría reconoce que en los centros se están haciendo esfuerzos por llevar a cabo estrategias y metodologías educativas que contribuyan a romper con los estereotipos sexistas establecidos, pero que aún queda camino por recorrer.

Se coincide bajo una mirada holística en que tanto los docentes como las familias deberían trabajar juntos para romper estereotipos y favorecer la igualdad de género tanto en la escuela como en la sociedad en general.

Es importante saber que estas respuestas son la base de la idea de Educabilidad y Equidad, dos vértices de una geometría compleja en tiempos actuales, como un claro ejemplo de ello, los estallidos sociales en Chile desde el 18 de octubre del 2019, donde la temática educativa es transversal en las demandas. Vemos que en la actual sociedad, conocimiento y crecimiento económico se condicionan. En este contexto, en materia de educación el debate sobre el concepto de equidad e igualdad de género ha cobrado fuerza.

Los niños y las niñas deben sentirse bien acogidos en un ambiente de aprendizaje seguro. Los gobiernos, las escuelas, los docentes y los alumnos tienen un papel que desempeñar para hacer que las escuelas estén exentas de violencia y discriminación y proporcionen una educación de buena calidad y con una perspectiva de género. Para alcanzar este objetivo, los gobiernos pueden elaborar planes de estudios no discriminatorios, facilitar la formación docente y hacer que las instalaciones sanitarias sean adecuadas.

Las escuelas deben abordar la violencia en el entorno escolar y proporcionar educación integral sobre la salud. Los docentes deben seguir las normas profesionales con respecto a las prácticas disciplinarias apropiadas y proporcionar una instrucción exenta de sesgos. Los alumnos deben comportarse de una manera no violenta e inclusiva.

Claramente los argumentos que permiten pensar a la educación como una instancia previa y determinante para la equidad, como una necesaria condición de positivismo social no creo sea motivo de discusión, todos coinciden que la educación es un pilar básico del desarrollo colectivo e individual, el asunto es la igualdad de oportunidades para lograr ese salto, la forma de hacerla real y tangible.

*El autor es conferencista, consultor, docente y presidente de la Fundación Global África Latina.

Foto portada: Imagen de stokpic en Pixabay

 

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