Armas de racimo, ¿proscripción o sofisticación?

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Cuando los hititas empezaron su expansión alrededor del siglo XIV A.C, lo hicieron con el uso de la espada de hierro; algo que significó una ventaja decisiva sobre sus enemigos, los cuales poseían armamento con base en el bronce. Este simple hecho cambió la visión estratégica del mundo antiguo.

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De igual manera, la entrada en vigor de la Convención sobre Municiones en Racimo, realizada el primero de agosto de 2008, supuso un replanteamiento en el futuro de los arsenales convencionales.

La medida prohíbe el uso, producción, almacenamiento y transferencia de estas armas, que constan de un contenedor que se abre en el aire y dispersa submuniciones explosivas sobre una amplia zona. Al menos 107 naciones firmaron este documento durante una conferencia diplomática realizada en Dublín en ese mismo año.

A once años de su puesta en vigor, se han registrado hasta 600 modelos de bombas de racimo; un arma cuya efectividad se incrementa dependiendo de en qué medio sean lanzadas, es decir, desde aviones o disparadas mediante artillería y misiles.

Un futuro antes de tiempo

El futuro alcanzó a estas armas mucho antes de que llegaran a ser obsoletas. Eso es lo que pasa muchas veces con la tecnología bélica: que desarrolla armas que la población civil no llega a conocer, afortunadamente, y otras que sufren su destructividad en carne propia. La población de los países que nunca han estado en guerra o que no han tenido este problema, ni siquiera llegan a saber de la existencia de estos dispositivos militares.

El uso de las bombas en racimo en conflictos o guerras locales ha causado un daño devastador en la población civil. Además sus efectos son duraderos, ya que muchas de esas piezas no estallan al caer, y pueden permanecer inoperantes durante mucho tiempo hasta que alguien, sin saberlo, la activa accidentalmente. Miles de hombres, mujeres y niños han muerto de manera trágica o han sufrido graves heridas al entrar en contacto con estas submuniciones sin estallar.

La destructividad de este armamento ha significado un cambio en el tipo de tecnología destructiva que, en adelante, podría empezar a adoptarse. Al parecer, cada vez que se proscribe un arma convencional, se deja abierta la posibilidad de que una nueva, más actual, pueda surgir en sustitución.

Países como Estados Unidos, Rusia, China e Israel, que se han negado a firmar el estatuto, seguirán considerando legal el uso de las armas en racimo, en abierto desafío a una gran mayoría de países que no quiere volver a saber de ellas.

Eficiencia como concepto bélico

Las bombas futuras comienzan a considerar aspectos más “eficientes”, es decir, que no impacten tanto en la población civil, aún después de que el conflicto armado haya terminado. Algo así como la instalación de chips especiales en las armas para que puedan avisar su localización y caducidad. La situación se antoja más a ciencia ficción: es como pensar que pudiera haber algún día “balas inteligentes” que busquen el blanco al que apuntaron, y que no terminen incrustándose en un civil inocente.

Estados Unidos y Rusia han profundizado en la reducción de armamento nuclear no tanto porque crean que es necesario evitar su uso, sino porque piensan que es preciso pasar a un sistema ofensivo “más limpio” que el que producen las explosiones nucleares.

En 2015, el sitio Flightglobal reveló que el Pentágono licitó una nueva producción de bombas Mk 82 Mod 7 con ojivas de hierro fundido, las cuales sustituirán a las bombas de racimo a partir de este año. Ese arsenal estará disponible para sus tropas desplegadas en la península coreana.

El portal también señaló que esta “tecnología permitirá disminuir el número de víctimas entre la población civil que pierden la vida al encontrarse con explosivos que no han sido detonados en las áreas bombardeadas”.

Lo anterior hace pensar que la producción de armamentos seguirá todavía en ascenso; sin esperar que haya una guerra o una nueva aplicación para la defensa. La frase hecha los romanos “Si vis pace, pace bellum” (Si quieres la paz, prepárate para la guerra) comenzará a cambiar en cualquier momento, cuando las armas comiencen a dejar atrás el concepto de destrucción masiva, por algo muy parecido al de “afectación especial”.

Foto portada: Reuters

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