
El estimado camarada Kim Jong Un pronunció un discurso en la ceremonia de
puesta en servicio del destructor «Kang Kon».
Su texto completo va como sigue:
Fidedignos obreros de los Astilleros de Chongjin y Rajin e integrantes talentosos
del colectivo técnico de las industrias naval y de defensa nacional,
Marineros del destructor «Kang Kon» y valerosos comandantes y soldados de
nuestra armada,
Queridos ciudadanos de Wonsan
Compañeros:
Hoy acogemos otro momento trascendental en nuestra trayectoria de avance en
que impulsamos la construcción de poderosas fuerzas armadas navales.
Hace apenas tres meses en que en el Mar Oeste de Corea el destructor «Choe
Hyon» zarpó con la sirena que anunciaba su entrada en servicio y hoy en el Mar
Este de Corea tiene lugar el acto de puesta en servicio de otro destructor.
Esta es una realidad palpable que nos permite peritar a qué velocidad se
transforma nuestra armada.
Ante todo, rindo mi más sincero homenaje a los obreros de Chongjin y Rajin y al
colectivo de científicos y técnicos de las industrias naval y de defensa nacional
quienes no han escatimado el sudor y el entusiasmo patrióticos para la
significativa fecha de hoy que traza una nueva coordenada en la ruta marítima en
aras del afianzamiento de la soberanía marítima en la era actual.
Compañeros:
Son indescriptibles nuestras emociones y sentimientos de hoy, pues una
ceremonia que carga nueva fuerza a nuestra marina se celebra precisamente en
este puerto histórico.
Este es el instante histórico de mayor orgullo y emoción en la historia de la
construcción de nuestro Estado y de nuestras fuerzas armadas.
En el mismo mes de septiembre de hace 81 años, un grupo comandado por el
camarada Kim Il Sung a bordo de un buque desembarcó triunfalmente en este
puerto de Wonsan para su reencuentro con la añorada patria.
En este embarcadero en el que aquel día hizo su entrada el buque «Kaeson»,
fondea hoy un destructor de la última generación que nos posibilita deducir el
poderío y desarrollo de nuestra armada.
En este lugar donde el buque echó anclas con el sueño dorado de la
emancipación nacional, hoy las leva un destructor con el ambicioso proyecto de
hacerse a la alta mar.
No en un futuro cercano, sino en estos momentos ese poderoso complejo de
combate naval zarpará por vez primera para la soberanía del gran pueblo en
reflejo de su deseo y así abrirá la primera página de su agenda de navegación.
El ambicioso propósito de la prosperidad estatal y el fortalecimiento militar que
acariciaban los tripulantes del pequeño navío «Kaeson» propulsa hoy una
embarcación sofisticada para trasladarla desde este fondeadero memorable hacia
alta mar. Nunca olvidaremos la emoción que hoy sentimos.
Me complace sobremanera compartir con ustedes esta emoción histórica.
Aunque en este lugar no están presentes los mártires que embarcaron para pisar
el suelo patrio, con toda certeza compartimos su aspiración.
El primer significado de este acto que celebramos por todo lo alto en este mes de
profundo sentido es que un navío leva anclas con gran orgullo para la construcción
de una potencia marítima en un lugar donde otro echó anclas para la liberación de
la patria.
En esta fecha el ancladero adquiere un nuevo sentido como sitio donde los
buques de la República levarán anclas uno tras otro para salvaguardar por todos
los medios nuestra soberanía y seguridad y como muestrario de la constante
renovación de la capacidad de combate de la marina.
Ahora presenciamos una escena histórica que exhibe de modo simbólico el ayer y
el hoy de la capacidad de combate de nuestra armada.
Si el «Kaeson», situado en el ancladero junto al museo, es nuestro pasado, el
barco que vemos de cerca es nuestro presente.
Nada podrá describir con mayor nitidez el gran viraje que se ha dado hoy, en
comparación con el pasado en que no se pudo recibir con el debido respeto y
atención a un dignatario que emancipó a la nación y fundó el Estado.
El logro de ese cambio en apenas dos o tres años resulta más importante que la
referida comparación histórica o el gran contraste que apreciamos con toda
claridad, lo cual merece nuestra atención.
Ya dije en una ocasión que obreros, científicos y técnicos de nuestra generación
han logrado, gracias al apoyo total y la esperanza de todo el pueblo, lo que no se
pudo lograr durante casi ocho décadas que transcurrieron desde la fundación de
las fuerzas navales.
La modernización de su armamento es una demanda constante e indispensable
que parte de los intereses geopolíticos de nuestro Estado y el pueblo coreano no
ha cejado nunca en su empeño de fortalecer tal como desea a la marina.
Lamentablemente, hasta hace unos años esta no poseía buques acordes a su
misión y sus registros de combate.
Desde luego, esto se relaciona con las exigencias militares y estratégicas del
pasado y de la actualidad, pero no puede ser la única razón.
De hecho, esta es nuestra historia.
Refleja el carácter específico y la arduidad de nuestra revolución y las dificultades
que tuvimos que sufrir inevitablemente por esos factores, así como entraña un
sinfín de hechos que no hemos podido conocer ni apreciar en toda su dimensión.
No es nada fácil armar a la marina en estos tiempos tan duros.
Sin embargo, lo hemos superado todo, hemos valorado la historia y los
requerimientos actuales con una responsable actitud y concepto de la seguridad
del presente y del futuro y les hemos desafiado valientemente con nuestro método
de cálculo.
Esta postura y esta nueva conciencia han redoblado el sentido del deber de
nuestra generación de no delegar jamás a las venideras la empresa histórica de
construir una marina poderosa de conformidad con la posición del país bañado por
el mar en sus dos lados.
La modernización de la armada es, en cierto modo, un proceso en el cual, en lugar
de establecer una meta partiendo de un cálculo de la capacidad, se mantiene el
principio de anteponer a la capacidad la meta que plantea la época y conquistarla
a cabalidad y sin concesión bajo cualquier circunstancia.
Sin el concepto, la actitud, el valor y el método de cálculo que colocan la voluntad
de ejecutar las tareas antes de tener su garantía, nuestra marina se aferraría aún
al pasado.
Nuestro futuro no se compra con la riqueza.
La espera no es propia de nuestro carácter.
El destructor «Kang Kon» es, antes que una síntesis del poderío de nuestra
economía, defensa nacional, ciencias y tecnología, el orgullo y la voluntad de
Corea y la cristalización de su indomable espíritu de preservar sus intereses.
La presente ceremonia en este lugar será una buena oportunidad para potenciar la
voluntad y el motor de la transformación con una sincera retrospección del pasado.
Compañeros
Nuestras fuerzas navales han deseado y esperado con ansiedad el momento de
trazar la trayectoria del destructor moderno aquí, en el Mar Este.
Hoy somos testigos oculares de la realización de un sueño que el pueblo coreano
acariciaba por muchos años.
Ya no se va a repetir nunca el pasado en que, por muy grandes que eran nuestro
valor y decisión de defender con firmeza el mar patrio, tuvimos que conformarnos
con observar los buques enemigos circular a su antojo en los mares cercanos,
debido a nuestra limitada dotación de armamento.
La seguridad de nuestro Estado se ve amenazada de forma permanente y directa
en toda nuestra tierra, aire y mar, y sobre todo en el Mar Este de Corea y sus
cercanías.
En las aguas cercanas de ningún otro país los buques del país beligerante
aparecen de modo rutinario para trasladar y emplazar los recursos nucleares y
realizar los simulacros conjuntos de guerra sin restricción alguna ni las toman
como escenario para perseguir y contener el ejercicio del derecho legítimo a la
autodefensa.
También en los últimos días presenciamos a cada rato el ajetreo incesante de
nuestros rivales para elevar el nivel de los preparativos de la guerra contra
nosotros.
Sus cínicas hostilidades militares que perturban la estabilidad regional atentan
gravemente contra nuestra seguridad estatal.
La República Popular Democrática de Corea no dejará por más tiempo esos actos
tal como están.
La sombra peligrosa se debe borrar cuanto antes.
A estas amenazas debemos afrontar categóricamente con una fuerza sumamente
profesional y preponderante y con la suficiente disposición y capacidad de usarla.
Precisamente en este sentido, atribuimos una importancia incomparable a la
entrada en servicio del buque «Kang Kon», si bien tiene una categoría y un sistema
armamentístico similares a los del «Choe Hyon», el cual ya fue entregado a la flota
del Mar Oeste.
Bastaría con anunciar la puesta en servicio de este destructor efectivamente
ofensivo para dar a conocer al mundo nuestra concepción y postura.
La incorporación oficial del buque a las fuerzas navales del Mar Este y la
información de que en sus costas se están construyendo las bases navales
constituyen señales claras al enemigo y ciertamente lo angustiarán cada vez más.
Ya es la hora de ejercer apropiadamente nuestra soberanía sobre y debajo del
mar.
Ahora disponemos de una fuerza mayor y letal.
Ejerceremos nuestro derecho legítimo a la defensa y reaccionaremos al enemigo
cuanto necesitemos.
Por este concepto y resultado de esfuerzos nuestros, rechazamos exitosamente la
amenaza geopolítica de los enemigos.
Debemos evolucionarnos más rápido.
Como mencioné en la ceremonia de puesta en servicio del barco «Choe Hyon», el
cambio de nuestra armada no se limita simplemente al engrandecimiento de los
barcos y la modernización de los sistemas de armamentos de buques.
Lo que más atemoriza al enemigo es su cambio más importante y su desarrollo
más significativo.
Es precisamente el armamento nuclear de nuestra marina que se adapta,
diversifica y utiliza más como medio disuasivo.
Al patentizar más nuestro disuasivo de guerra nuclear, poderoso y confiable,
debemos acercar más al combate real el manejo multilateral y eficiente de los
sistemas nucleares y hacer más evidentes las acciones militares por la defensa
marítima y la detención de la guerra.
Este es un deber constitucional de las fuerzas armadas de la RPDC para
preservar la seguridad absoluta del Estado, mantener la estabilidad estratégica y
el equilibrio de las fuerzas en la región y frenar la amenaza geopolítica.
Nuestra marina controlará estrictamente las flotas de los agresores con sus
actividades responsables y papel importante, y con toda seguridad traerá como
resultado su retirada estratégica.
Como se ha comprobado y se sigue comprobando, no existe más garantía de la
paz que el equilibrio de las fuerzas.
Nuestra posición es más que evidente.
Debemos intimidar al enemigo.
De hacerlo, no tendrán la remota idea de atacarnos y nosotros podremos defender
la paz y el entorno de desarrollo del país.
Cultivaremos de continuo una capacidad militar aplastante con el fin de enfrentar
categóricamente las amenazas existentes, latentes y futuras.
Desplegaremos los bienes estratégicos más poderosos en las zonas marítimas
cruciales y de tal forma mostraremos nuestros principios y responsabilidad en la
defensa de la soberanía marítima de la República, el ambiente de seguridad del
noreste asiático y la paz del mundo, haciéndoles aportes apreciables.
Compañeros:
La seguridad y los intereses de nuestro Estado no han estado nunca
desvinculados de la defensa de la soberanía marítima y una marina poderosa
constituye el pilar inconmovible de la defensa nacional y un medio fidedigno del
ejercicio del derecho a la soberanía.
Tal como aspiran todos los países marítimos con sus metas, nosotros también
defenderemos el hoy y el mañana con el sistema moderno de armas de las
fuerzas navales como eje del disuasivo y el desenvolvimiento de la guerra.
Con una resolución más audaz y con resultados más prontos y perfectos, daremos
a conocer al mundo qué estamos haciendo y cómo estamos preparándonos para
defender nuestro derecho e intereses.
El nombre del fuerte y de la potencia del siglo XXI se obtiene únicamente con
esfuerzos incansables y solo se gana sin remordimiento con innovaciones y
ascensos continuos.
Los planes ambiciosos como la construcción y puesta en servicio de buques de
diferentes series que se ajustan a los dos aspectos de la disuasión y el
desenvolvimiento de la guerra y que son capaces de cubrir esas demandas, la
modernización de astilleros, la construcción de su infraestructura, la reforma de las
fuerzas navales y la organización de sus nuevas unidades, son empresas
voluminosas que debemos lograr sin falta en nuestra época.
Hemos de impulsarlas a toda velocidad exhibiendo con claridad la actitud valerosa
y el empeño de acometerlas.
Hoy será otra nueva partida en esta carrera que no se debe interrumpir.
Un plan importante para consolidar las fuerzas navales está en marcha y ocho
meses después lo volveré a demostrar al mundo.
Nuestros buques de guerra con destino a los mares más extensos surcarán las
aguas con valor y a toda marcha.
Naveguemos sin detenernos hasta saciar nuestra férrea decisión de defender el
poder estatal y nuestra alta autoestima.
Oficiales y marinos del destructor «Kang Kon»:
Pronto se les asignará una tarea estratégica, porque el buque es un medio y una
fuerza integrados al sistema estatal de enfrentamiento nuclear.
Con la gran responsabilidad en el servicio, deben cumplir un papel importante.
Como primera tripulación del destructor, se prepararán y se adiestrarán bien para
poder cumplir distintas órdenes en disímiles situaciones con el coraje y el orgullo
de ocupar el puesto más responsable de la defensa de la patria, registrando así
solo las victorias en los anales del buque.
Si los enemigos se atreven a hacer el uso de la fuerza, les ordenaré que usen la
fuerza absoluta y fatal contra el enemigo.
En cualquier momento en que se les imparta la orden, propinarán al enemigo
golpes demoledores de represalia.
La profesionalidad, la audacia y la fuerza ilimitada de las que harán gala elevarán
la capacidad de combate y el prestigio de nuestra flota del Mar Este.
Espero que el estandarte que flamea sobre el destructor «Kang Kon» irradie
siempre como símbolo de la dignidad y el honor de nuestra marina y como
bandera de victorias y méritos.
Valerosos marinos del destructor:
¡Adelante por nuestra gran patria!




































