Vivir no para hoy, sino para el mañana

El Presidente de Defensa Nacional Kim Jong Il (1942-2011) poseía la noble concepción de la vida. La comprueban sus palabras célebres “Vivir no para hoy, sino para mañana”.

A mediados de la década de 1990, la economía de la RPD de Corea se encontraba en una situación muy difícil. Debido a las calamidades naturales que se repitieron cada año, los habitantes coreanos se vieron obligados a sufrir dificultades de alimentos. No pocas fábricas se apagaron por la desaparición del mercado socialista y las sanciones de los imperialistas, en tanto que su sanción militar excedía el límite.

A pesar de tal situación, el Presidente de Defensa Nacional preveía el futuro de la patria que será poderosa y próspera y solía decir: “Para los revolucionarios, vivir y luchar no para hoy, sino para mañana, es más importante. Imaginándome el futuro próspero de nuestra patria socialista en la que nuestro pueblo disfrutaría de una vida más digna y feliz, recobro ánimo y trabajo dispuesto a hacer frente a cualquier dificultad. Vivamos no para hoy, sino para mañana” En estas palabras se puede leer su concepto de la vida.

Esa concepción lo empujó al mandatario coreano prestar primordial fuerza al fortalecimiento de la capacidad de defensa nacional. Debido a las agresiones e intervenciones imperialistas en diversas regiones del mundo se veían tragedias de que innumerables hombres perdieron su preciosa vida y los sobrevivientes se hicieron refugiados, pero el pueblo coreano, aunque vivía en el punto más candente del mundo, no conocía el sufrimiento de las catástrofes de la guerra.

En tales circunstancias nacieron incontables anécdotas.

Entre estas hay un cuento sobre el hecho ocurrido en medio del viaje de inspección a las unidades militares de que él debía empujar con su hombro al coche que se deslizaba en el camino despeñadero del monte Osong; una vela de noche cuando dijera que a la una de la madrugada era para él como a las primeras horas de la noche, y un comento suyo de que  un rato de sueño en el coche durante los interminables viajes de dirección sobre el terreno le bastaba para sustituirlo con un sueño profundo y un descanso y era la totalidad de su descanso. Para él, la mañana era precisamente la futura Corea donde el pueblo disfrutaría de una vida dichosa sin envidia a nadie.

Las huellas de abnegación del gran Dirigente Kim Jong Il le permitieron a Corea defender hasta el fin el socialismo y preparar una sólida base de la construcción de un Estado poderoso y próspero.

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