
El estimado camarada Kim Jong Un pronunció un discurso para felicitar a todas las coreanas con motivo del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer.
Su texto completo va como sigue:
En ocasión del 8 de Marzo, felicito con el afecto más fervoroso a todas nuestras
coreanas a quienes amo y respeto invariablemente.
De igual forma, extiendo mi cordial congratulación a todas las compatriotas residentes
en el exterior.
Como siempre, las mujeres añaden armonía, belleza, calor y cariño a nuestra sociedad.
Hoy es una fiesta agradable en que en todo el país reinan las afectuosas voces de
gratitud, bendición y respeto hacia las féminas.
Al acoger esta fecha poco después del noveno Congreso del Partido que hizo el
balance de los valiosos éxitos de los quehaceres estatales, me vienen a la mente los
esfuerzos excepcionales y desconocidos hechos por las mujeres del país en aras de
nuestros logros. En esta ocasión quisiera dirigirles unas palabras para agradecer de forma
especial sus empeños.
Les hago mi más sincera y profunda reverencia, agradeciendo los esfuerzos que han
hecho en silencio por el país y los hombres coreanos.
Me da por pensar que no basta con la mera y ordinaria expresión de gracias para
exhortar y corresponder, aunque sea poco, a nuestras mujeres que sufren y se esfuerzan
como nadie.
Me imagino a nuestras mujeres sonreír con inocencia ante un modesto saludo, una
tarjeta de felicitación y una flor que les dedican sus amados esposos, hijos, novios,
familiares y discípulos, como si ellos fueran la suficiente recompensa de todos sus
esfuerzos.
Realmente, hermosas es el único calificativo apropiado que he encontrado para ellas.
Y ese denominador no significa únicamente la bella apariencia de la mujer coreana.
El cuerpo frágil revela fortaleza. El rostro pueril denota valentía. Las profundas
arrugas, testimonio del arduo camino que ha recorrido, infunden más respeto. Por todo
ello, la mujer coreana es incomparablemente bella y he aquí su encanto peculiar.
En los rostros de las generaciones de nuestras abuelas y madres percibimos los rastros
del sufrimiento con que superaron los tiempos duros, la fortaleza con que vencieron todas
las pruebas, la genuina fuerza del amor y la mirada benevolente de las fidedignas
constructoras del país.
En las imágenes de las féminas de nuestra generación sentimos la enérgica vitalidad de
quienes impulsan con vigor a este país a un futuro resplandeciente, el optimismo y la
confianza de quienes saben reír ante las dificultades y vencerlas.
Todas nuestras mujeres, sean madres, esposas, hijas o novias, poseen una belleza y
grandeza sin parangón en el mundo y yo quisiera alabarlas con todo orgullo.
Rectas en las vicisitudes, fuertes en las aflicciones y valerosas ante la muerte, han
realizado hazañas en cada período de la revolución y en cada página de nuestra historia.
Sus méritos siguen presentes en nuestra memoria y constituyen nuestro firme puntal
espiritual.
La pureza, la firmeza y la fortaleza, cualidades típicas de la coreana, se heredan sin
variar con el paso del tiempo y las coreanas de hoy sostienen firmemente la revolución
dándole amor y sonrisa al país y reafirmando su coraje, ánimo y victoria.
Actualmente, en todos los rincones del país, sean las posiciones de la revolución, los
puestos de defensa de la patria, las obras de la construcción socialista, las fábricas o las
granjas, podemos ver a las mujeres fuertes, diligentes, inmaculadas y honradas que no
exteriorizan su debilidad y no se quedan a la zaga de los hombres.
Las proezas de nuestros numerosos héroes conocidos y desconocidos, hombres de
méritos e innovadores llevan impregnada la abnegación inmensurable de sus madres y
esposas quienes no piden nada a cambio de ella.
Nuestras mujeres pulcras que saben darlo todo sin ningún interés y sin exigir ninguna
remuneración y encuentran el orgullo de vida en él, engendran un amor infinito y nutren
el espíritu de quienes incluso dan la vida en defensa de ese amor.
Nuestros militares son tan valientes en los combates de vida o muerte, porque desean
ser dignos y mantener el decoro ante sus queridas madres, esposas, novias e hijas a
quienes evocan en unión de la sagrada patria.
Tal fuerza poseen las mujeres.
Con el correr del tiempo las arrugas surcan sus rostros hermosos, pero jamás surcarán
la genuina belleza de estas mujeres sinceras y honestas que colocan por encima de la
familia al país y la revolución y lo soportan todo por ellos.
Guiados por la atenta mano de tan loables mujeres, sus maridos e hijos producen
innovaciones en sus puestos de trabajo y nuestra revolución avanza más rápido gracias a
su peculiar fuerza e inteligencia y su noble sacrificio.
Nuestras mujeres continuarán desempeñando un papel importante para la armonía y
prosperidad de nuestro país.
Nadie puede sustituirlas en sus responsabilidades y papel para desarrollar la sociedad
socialista a nuestro estilo y resolver de forma acertada el sinfín de problemas sociales
grandes y pequeños.
Si en las familias siguen dando el ejemplo a los hijos, el apoyo a los esposos, la alegría
y el orgullo a los padres y si mantienen la tradición de patriotismo como lo han hecho
hasta la fecha, nuestra sociedad será más hermosa, más sólida y más próspera.
Aprovechando esta oportunidad agradezco y saludo de forma especial a todas las
madres del país.
De hecho, la sagrada denominación de la madre le da a cualquiera una enorme fuerza
espiritual.
Dicen que la mujer es débil, pero la madre es fuerte. En este país son muchos los
patriotas gracias a las hazañas desconocidas de las madres que forman excelentemente a
los hijos con el auténtico amor materno y nuestro futuro tiene garantizada su lozanía
gracias a las madres fuertes que le sirven de abono.
Tomo la conciencia de que debo trabajar más y consagrarme de lleno por nuestras
benévolas madres y por la felicidad de nuestras mujeres.
A todas las mujeres les pido encarecidamente que cumplan con la sagrada misión y
deber que asumen ante la época, la historia y la patria en aras de la prosperidad nacional,
la armonía y unidad de la sociedad.
Deseando a todas las mujeres coreanas felicidad, salud y eterna belleza en bien de
nuestra patria, revolución y futuro, les extiendo una vez más mi cálido amor y bendición.
ACNC


































