
El estimado camarada Kim Jong Un pronunció el discurso en el acto
conmemorativo del aniversario 80 de la fundación de la Unión de la Juventud
Patriótica Socialista.
Su texto completo va como sigue:
Jóvenes coreanos, fuerza y orgullo del país,
Voluntarios fidedignos que consagran a la patria su vida joven y bella,
Funcionarios de la Unión de la Juventud, consecuentes y vigorosos,
Compañeros:
Felicito a los jóvenes vanguardias participantes en esta ceremonia conmemorativa,
en representación de nuestra generación juvenil, la más inteligente, valiente y
patriótica.
Compartir este momento significativo en que rememoramos la gloriosa historia de
la Unión y proyectamos su brillante futuro con compañeros plenos del espíritu
lozano y entusiasmo fervoroso me produce una alegría y felicidad indescriptibles.
Organizamos en grande esta cita juvenil que conmemora el aniversario 80 de la
fundación de la Unión de la Juventud como primer acto estatal de este año
significativo en que se convoca el noveno Congreso de nuestro Partido.
Su objetivo fundamental es dar un gran aliento a nuestros jóvenes que siempre
trabajan más que nadie en todos los aspectos de nuestra causa, encomiarlos e
incitarlos enérgicamente a renovar sus esfuerzos e innovaciones.
Es realmente significativo celebrar por todo lo alto el aniversario de la Unión,
vanguardia fiel a nuestro Partido y organización vigorosa de la juventud patriótica,
en vísperas del congreso partidista.
En estos instantes en que hacemos el balance de una etapa de lucha admirable y
contemplamos la nueva perspectiva de la construcción socialista, ustedes y el país
entero celebramos la fiesta de la juventud alabando la historia y las hazañas
relevantes de la Unión.
Esta es una muestra del infinito amor y estímulo a nuestros jóvenes y, al mismo
tiempo, la alta valoración de la trayectoria recorrida por la Unión en estas ocho
décadas.
Pienso que este momento honroso, en que la historia del movimiento de la
juventud coreana que ha florecido con la lucha heroica y los méritos legendarios
de los jóvenes coincide en el glorioso congreso del Partido, no ha llegado de forma
fortuita en el transcurrir de los años. Lo hemos acogido solamente en el trayecto
enorgullecedor de la agrupación juvenil que tiene las mismas ideas e ideales que
nuestro Partido y que ha sostenido con lealtad su causa.
En esta ocasión en que celebramos el aniversario de la organización juvenil, rindo
mi más sincero homenaje a la gloriosa historia de lucha del movimiento de la
juventud coreana que ha enaltecido invariablemente nuestra causa revolucionaria
y congratulo efusivamente a los jóvenes, organizaciones y funcionarios juveniles
de todo el país quienes con su lealtad al Partido y la patria dejan huellas nobles y
hermosas en los centros laborales, puestos militares y planteles.
Compañeros:
Sería demasiado largo exponer toda la historia de la Unión, sagrada por su origen
y tradición y gloriosa por su continuidad y desarrollo.
Tan enorgullecedora es su historia y tan enorme su proeza, acumulada generación
tras generación.
En su prolongada trayectoria que comenzó con su aparición en los albores de la
construcción estatal bajo la bandera de la unidad de los jóvenes de todos los
estratos que anhelaban la construcción de un Estado poderoso, la Unión ha
escrito la más dignificante y gloriosa crónica dando acicate a la aspiración a la
lealtad y patriotismo y a los pasos firmes de sus filas.
Su estandarte ha sido siempre la meta de lucha y avance que orienta a los
jóvenes, pletóricos de la lozanía y deseosos del progreso e innovación, a seguir al
Partido por el camino más correcto. Nuestros jóvenes han sido la fuerza de la
exploración y transformación que supera todos los retos y pruebas de la historia.
La Unión ha incorporado a sus fidedignos miembros en el grueso de la
construcción y la defensa de la patria y ha grabado en los anales huellas
indelebles de la avanzada y la proeza de la vanguardia de creación y construcción.
Nuestros jóvenes saben bien que la patria es la madre que los nutre y la cuna de
su existencia y felicidad que deben defender y cuidar de generación en generación.
Y de ahí no han cejado en su empeño de hacer rico al país y fuerte al ejército,
unidos bajo la bandera del patriotismo.
Todas las generaciones de la República, entre ellas los miembros de la Unión de
Juventud Democrática y los vanguardias del Movimiento Chollima quienes
defendieron a la patria durante la guerra y alzaron al país reducido en cenizas, los
padres de ustedes que defendieron el país y el régimen en los años críticos en
que se decidía el destino del socialismo, han dejado productos de su leyenda y
hazaña, símbolos de su juventud y denominaciones de sus respectivas
generaciones.
Sobre todos ellos descansa el mérito de la Unión que ha inculcado a sus
miembros la obligación y el deber de los sucesores de la revolución y que ha
preservado intactas la pureza del movimiento de la juventud coreana y la tradición
del patriotismo y fidelidad.
En el camino de nuestra revolución ha habido un sinfín de desafíos y dificultades
difíciles de vencer incluso con rebosante energía y juventud y nunca ha cesado el
viento seductor que busca corromper a las jóvenes generaciones. Sin embargo, la
bandera roja que enarbola la juventud ha flameado más alta y fuerte, en una
continuación pura y cabal, sin desteñirse con el paso del tiempo ni por la lluvia y la
nieve de la historia.
Con el avance de la revolución, la sucesión de generaciones no se ha
interrumpido en las filas juveniles. Pero gracias a los continuadores siempre fieles
a su misión y deber del tiempo como luchadores de clase y protagonistas de la
construcción socialista, el pilar de nuestro Estado se ha mantenido inconmovible y
nuestra sociedad se ha embellecido con creces por el mundo de amor y virtudes
que ellos han construido.
No en vano nuestros jóvenes han aprendido la lección de su época en la intensa
lucha de la revolución y construcción y en este proceso han crecido en lo
ideológico y espiritual.
La gloriosa trayectoria del movimiento juvenil que ha respondido al llamado de la
patria con el bregar heroico ha agrupado compactamente a millones de jóvenes en
torno al Partido y los ha formado como honrosos constructores del socialismo, en
nombre de la Unión de la Juventud Patriótica Socialista, escribiendo un capítulo
brillante en que propulsa la nueva era con su fuerza desbordante.
La fiebre del enrolamiento voluntario en los puestos de trabajos duros que se
produjo a raíz del octavo Congreso del Partido nos permitió ratificar con emoción
la verdadera imagen de nuestros sucesores.
En la flor de la vida con muchos sueños y aspiraciones, nuestros jóvenes la
sacrifican para responder al llamado de la época y la patria y, de esta manera,
preservan la naturaleza de la juventud coreana y cumplen fielmente su misión de
continuadores de la revolución.
Entre ellos figuran los de la ciudad de Nampho que acudieron antes que nadie al
campo rural socialista y otras decenas de miles procedentes de la capital y
ciudades que, imitándolos, realizan trabajos difíciles y duros en aldeas rurales,
regiones montañosas e islotes para continuar inalterables el auténtico camino del
patriotismo.
Tienen todo derecho al disfrute y muchos sueños adorables, pero optaron por
consagrarse a la madre patria con inmaculada conciencia y sinceridad mediante
una valerosa decisión y acción.
Si no desearan con ardor la prosperidad de la patria ni la firme fe y fervorosa
inclinación al socialismo, jamás tomarían ni perseverarían en su laudable decisión.
Se tratan de bellos gestos que pueden explicarse solo con sus nobles rasgos ideoespirituales.
Ellos no son los únicos.
Nuestra época, heroica y transformadora como la llaman, resplandece más por los
méritos de cientos de miles de jóvenes movilizados en magnas construcciones
como las de nuevos repartos en total respuesta al llamamiento del Partido.
A lo largo de la historia, nuestros jóvenes han asimilado siempre como suyos la
ideología revolucionaria y el ideal de nuestro Partido y la trayectoria de la
construcción y desarrollo de nuestro Estado se identifica con la valiosa vida de
ellos. Pero hoy la totalidad de nuestros jóvenes demuestran sin reservas, como en
ninguna otra época, su poderío en todos los dominios, concretando el magno
proyecto del Partido.
Nuestro Partido aprecia los registros de la victoria y todas las creaciones de los
jóvenes más que otros éxitos o bienes, porque llevan impregnados el ardiente
amor y pasión que nuestras jóvenes generaciones dedican a la patria socialista y
reflejan el inmutable juramento y voluntad de los continuadores.
Con el correr de los días son más numerosas las páginas escritas a sangre y
sudor por los jóvenes para la historia de nuestro glorioso Partido y patria y nacen
sin cesar las anécdotas sobre el espíritu revolucionario y los méritos heroicos de la
juventud coreana, junto con las incontables transformaciones en este territorio.
Esta es la prueba irrefutable de la continuación de la ideología y el espíritu que
lleva en sus venas el movimiento juvenil coreano.
En todo el proceso de la revolución coreana, ardua sin precedentes, nuestros
jóvenes no han sido jamás carga para la patria ni han desvirtuado su naturaleza
revolucionaria.
Analicemos el mundo de hoy: las carnicerías que no se han visto nunca son
protagonizadas por jóvenes de la misma edad que ustedes.
Los jóvenes contaminados de la excesiva misantropía, la venenosa omnipotencia
de oro, la depravación y el pesimismo provocan por doquier graves problemas
sociales y engendran dolorosas tragedias como la masacre y la discordia. Esta es
la realidad innegable del mundo actual.
Contamos con jóvenes revolucionarios fidedignos y confiables que se sienten
honrados por su denominación de continuadores, superan vicisitudes con su
Partido y patria, se foguean y se perfeccionan. Este es un hecho laudable para
todo el mundo.
En este lugar están presentes también los jóvenes militares que en las recientes
operaciones especiales en el extranjero mostraron sin reservas la superioridad, el
heroísmo, el espíritu de sacrificio y las cualidades propias de nuestro pueblo y
defendieron la dignidad y honor de la patria.
Además de ellos, incontables compañeros de armas suyos ofrendan sus abriles en
estos instantes en los campos de batalla en tierras extrañas, en acato a la orden
de la patria sin pedir nada a cambio.
Lo único que desean es la prosperidad de la patria y nada de recompensa.
Ningún otro soldado extranjero batalla así, fiel a la orden y en defensa del honor
de la patria y su autoestima, sin exigir la remuneración o por el interés individual.
Únicamente, únicamente los coreanos, los jóvenes coreanos, son capaces de
hacerlo. El mundo no comprende aún su mundo.
En verdad, en las operaciones en el exterior nuestros militares, ordinarios como
cualquier otro del país, han demostrado sin reservas los excelentes rasgos de la
juventud coreana, hijos del pueblo coreano, que no tienen parangón en el planeta,
y han dado un ejemplo digno de la veneración e imitación de la posteridad.
Contar con tales jóvenes es un orgullo incomparable de nuestro Estado.
Los ochenta años de la Unión de la Juventud se revisan hoy mediante el ideal
socialista, el fervoroso patriotismo, el sentido de justicia y el noble mundo espiritual
que ustedes y todos los demás jóvenes del país encarnan y tienen como credo.
Esto coloca una vez más en la suprema altura la posición y el prestigio de la
juventud coreana.
La excelente preparación de las generaciones venideras, relevos de la revolución,
para enlazar el pasado orgulloso de nuestra patria con el presente de glorias y
construir un futuro más brillante, constituye la proeza y la victoria históricas del
movimiento juvenil coreano que no se pueden comparar con nada y que ningún
otro puede lograr en su lugar.
Aprovechando esta oportunidad, una vez más rindo mi más sincero tributo a los
jóvenes de distintos períodos de la República que defendieron a la patria al precio
de su mocedad y vida, venciendo todas la tempestades y reveses de la historia, y
apoyaron firmemente la prosperidad de nuestra patria con destacadas proezas y
milagros, así como a los ocho decenios orgullosos de la Unión de la Juventud
Patriótica Socialista.
Compañeros:
Aquí en este lugar hablamos de la indestructibilidad de nuestra revolución porque
es fuerte la organización juvenil. La época que vivimos se transforma porque sus
jóvenes protagonistas tienen elevados ideales y gran orgullo de sí mismos y son
revolucionarios apasionados.
La causa revolucionaria que se lleva adelante generación tras generación asigna
como siempre una misión de suma importancia a la Unión de la Juventud y sus
miembros, y la sucesión debe proseguir año tras año.
En adelante, todas las actividades de la Unión se orientarán de continuo a
preparar a sus miembros como gran fuerza motriz de la época de metamorfosis. Y
su poder de aunar el afán patriótico de millones de jóvenes debe seguir
incrementándose.
Todos los jóvenes agrandarán y enriquecerán, como lo han hecho hasta la fecha,
las conquistas del socialismo por medio de una lucha impetuosa, formando el
grueso de nuestra revolución junto con los militantes del Partido. Con una valentía
insuperable, aspirarán a lo nuevo, apremiarán los cambios y anticiparán el
progreso sacudiendo lo caduco.
El crecimiento robusto de los jóvenes es una meta central del desarrollo estatal
que el Partido pretende alcanzar en la lucha de hoy, así como un paso gigantesco
hacia el futuro.
Evocamos con respeto la juventud de las generaciones de nuestros abuelos y
padres que superaron todas las dificultades en aras de la patria y la revolución. De
igual forma, debemos dignificar nuestra juventud de modo que los que vienen nos
recuerden con toda seguridad.
Compañeros:
La madre patria ha resuelto otorgar la Orden Kim Jong Il, máxima condecoración
del Estado, a la Unión de la Juventud Patriótica Socialista, como la más alta
apreciación a ella, por defender y mantener su tradición en sus ocho décadas
venerables, ser fiel a su sagrado deber y misión y asegurar con firmeza la
continuación de nuestra causa.
Esta es la máxima gloria y honor de todos los jóvenes coreanos.
Voy a poner hoy la orden gloriosa en la bandera de la Unión de la Juventud
Patriótica Socialista con el deseo de que nuestros jóvenes inteligentes y valerosos
continúen registrando su brillante fama y proezas en la historia gloriosa del Partido
y la patria y garanticen con vigor la continuidad y el avance ininterrumpido de la
causa revolucionaria.
Ustedes avanzarán con ímpetu hacia una nueva época resplandeciente que irradie
la inteligencia y la gran fuerza juveniles, escribiendo páginas orgullosas del
desarrollo socialista y cantando a toda voz la creación y la lucha.
El sueño y el futuro de Corea llaman a la juventud.
Luchemos con más valor y vigor por la eterna prosperidad de la madre patria, por
nuestro futuro hermoso y por el honor de la juventud coreana.
¡Viva la República Popular Democrática de Corea!
































