Trump y su carrera

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Un hombre fuerte de carácter pasional y llevado de sus ideas se había convertido en presidente de los Estados Unidos, su elección para muchos una sorpresa para otros una consecuencia de los juegos de poder del partido demócrata esos últimos años del mandato de Barak Obama, Trump había ganado la presidencia de Estados Unidos, y  comenzaba a gobernar el país más poderoso del mundo al mediodía del día viernes 20 de enero de 2017, y su administración que bien podría traducirse en  una montaña rusa de emociones políticas e intrigas como nunca se vio en política norteamericana.

Ese día, el candidato republicano Donald Trump, quien ganó legítimamente las elecciones de 2016, recibía su investidura presidencial como 45º presidente de los Estados Unidos de América, en sucesión del demócrata y primer afroamericano en la Casa Blanca, Barack Obama.

Trump Inauguraba su mandato con un mensaje nítidamente claro: “Hoy no transferimos el poder simplemente de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que transferimos el poder de Washington y os lo damos a vosotros, el pueblo americano”, declaró, y miles de aplausos reverberaron frente al Capitolio.

Su discurso de envestidura fue de corte popular y nacional, con tono corto, sencillo, pero no menos directo para despejar dudas sobre sus verdaderos enemigos, el nuevo comandante en jefe arremetía directamente contra quienes lo habían abrazado minutos antes. Con ojo de halcón y mirando a los miles de personas que le escuchaban e invitados, entre los que contaban militares de alto rango, entre senadores, reverendos, expresidentes, banqueros, y los típicos representantes y la élite estadounidense de la capital, Trump esa fría mañana daba las primeras certezas de su mandato: “América Primero”.

Palmaditas en la espalda y sonrisas más y sonrisas menos Trump decía sin ponerse colorado: “un pequeño grupo de la capital cosechó los beneficios del Gobierno mientras la gente soportó los costes. Washington floreció, pero la gente no participó de la riqueza y tampoco de estos negocios”.

Donald Trump ciertamente es un mega personaje, nunca antes en la historia política de Estados Unidos tantas fuerzas habían puesto empeño en derribar a un presidente, ese mismo que hablo directamente y sin filtro de funcionarios  antipatriotas y funcionarios desleales al servicio de sus bolsillos pero no del país,  y se refería mordazmente a los Washington  Boys, mismos para quienes Trump  será recordado como el primer presidente que fue sometido a un juicio político o impeachment en dos oportunidades, un personaje considerado por muchos de ellos como un actor peligroso…

Pero no es menos cierto que muchas de las acusaciones contra Trump vinieron de las oficinas de relaciones públicas del partido demócrata y los asesores de la Sra. Clinton y el propio Obama, tramas más tramas menos, muchos fueron solo humo sobre el espejo.

Para muchos analistas es claro que el presidente Trump alimentó el hecho de que la elección fue robada, y convocó a sus partidarios a Washington para protestar por la certificación del voto del Colegio Electoral, naturalmente esta situación se salió de madre y todo se complicó esa jornada en el Capitolio, algunos consultores se preguntan ¿a quién favorecía en rigor toda esta situación? ¿la democracia estuvo efectivamente en riesgo o solo fue un acto distractivo? pues nada es lo parece en política de las grandes ligas.

Uno de esos protestantes mantenía en alto un letrero que decía “los medios tradicionales mienten” y otros decían “élite global que acumula todo el poder y que tiende hacia la tiranía” o “no al globalismo”. Claramente estas lecturas tenían ligazón con la forma de gobernar y los discursos de Trump en sus años de gobierno; pues dejo bien claro su empeño en renunciar al liderazgo global y reemplazarlo con un foco más interno, algo muy parecido a una mentalidad que mira al país como un fuerte, más cerrado, más seguro…

Trump aplaudió al presidente turco Recep Tayyip Erdogan y al presidente brasileño Jair Bolsonaro, recibió con honores a Juan Guido presidente interino de Venezuela, además de reunirse con Kim Jong Un de Corea del Norte, en dos oportunidades, también memorable fue el histórico encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un en la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas, al hacerlo, se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en cruzarla, puso manos frías a la tensa relación con Irán, logro mediar en Medio Oriente y concretar relaciones diplomáticas de Marruecos con Israel y de este país con naciones del golfo pérsico, algo impensado, para muchos. También reconoció la legitimidad del Sahara bajo la bandera marroquí y dio un impulso fuerte al retiro de tropas e intereses norteamericanos en Siria y Afganistán.

Otro aspecto para leer con interés es su declaración pro vida y anti aborto, su crítica al proselitismo LGTBIQ+ y sacar a Estados Unidos de temporalmente de la OMS.

Dado el cada vez más importante rol del gigante asiático en el contexto de la pandemia global, tanto, respecto de la exportación de su modelo de contención sanitario e insumos médicos y por cierto de vacunas; Trump acuso directamente a China de ser al menos “irresponsable en la contención del virus y mantener un contubernio con la misma OMS”.

Incluso se atrevió a hablar de virus chino, y no atender las recomendaciones de sus servicios de seguridad e inteligencia sobre este particular, los últimos soplidos de su gobierno son los más trascendentales, pues puso en juego a la misma OMS y declaro una guerra comercial a China, en esta parte de la historia, Trump había administrado y ejercido un poder de lealtad digno de destacar sobre sus seguidores más devotos, y estos son los mismos que hoy buscan postularle nuevamente.

Según The Wall Street Journal un dato que muchos parecen olvidar, cerca de 30% de los hispanos votó por Trump, si hispanos, dos puntos más de lo que lo habían hecho por el candidato republicano en 2012, Mitt Romney. Y por si esto fuera poco, también creció el número de asiáticos que apoyó al republicano respecto de candidatos anteriores.

Es claro que Trump es un gran empresario, no un gran político y tampoco un estadista de calibre, pero a su favor hace lo que dice y habla claro, el empresario logró movilizar a una masa de votantes blancos de las zonas no urbanas que tradicionalmente no sufragaban asunto que es menor.

En sectores de Florida, estado que finalmente ganó Trump, la participación en esos grupos creció 29% con respecto a 2012. Además, entre los hombres, el empresario batió record. Lideró por más de 12 puntos, la mayor diferencia desde 2000. Y también lo hizo entre los mayores de 45 años. «Hay una brecha generacional», dijo a The Wall Sreet Journal William Frey, experto poblacional de la Brooking Institution.

Es claro que esta novela continuará, y probablemente, en tanto, se descubren nuevas radiografías del estado profundo y las verdades ocultas de los juegos de poder de la élite, aquella que nunca quiso a Trump y vio en él un verdadero peligro para sus pretensiones; y veremos también si las pretensiones presidenciales que en septiembre del 2021 son un hecho, serán o no exitosas, no lo sabemos, sí que Biden va a la baja y con errores de cálculo importantes en su política internacional.

Su batalla contra el globalismo, así como su desafiante agenda de nacionalismo populista serán los ejes que Trump puso sobre el tablero de ajedrez llamado Estado Unidos, y que probablemente llegaron para quedarse, en tanto, seremos testigos de las jugadas de la contraparte, la agenda de la élite hostil.

«El presidente Trump sigue siendo el líder mejor parado del Partido Republicano y del movimiento America First (‘Estados Unidos Primero’)», tuiteó el jueves último el congresista republicano Matt Gaetz, un leal partidario de Trump…

ANTONIO YELPI AGUILAR
CONSULTOR, ESCRITOR
PRESIDENTE FUNDACION GLOBAL AFRICA LATINA

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