Trump se lava las manos ante escándalo sexual de Roy Moore

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Hace una semana, Reino Unido alertó sobre los abusos sexuales que tienen lugar en diferentes sectores de la sociedad, sobre todo, en el gobierno. La situación fue preocupante, al grado que 36 legisladores de Westminister están señalados por acosar a sus secretarias. Este viernes, el presidente de Estados Unidos también está bajo presión por casos semejantes cometidos por sus correligionarios que han sido calificados como una “epidemia de abusos sexuales en Estados Unidos.

Específicamente, la tendencia señala al republicano ultraderechista Roy Moore, quien está acusado de abusos sexuales con menores, acciones que se le atribuyen cuando él tenía 30 años de edad. Actualmente está contendiendo por un cargo en el Senado, pero pesa sobre él una campaña que le ha afectado y hasta es muy posible que le imposibilite continuar sus aspiraciones.

Al menos así lo dejó en claro la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, al asegurar que el presidente Donald Trump, dejará en manos de los votantes la elección del próximo 12 de diciembre.

“El presidente cree que esas acusaciones son preocupantes y deben ser tomadas con seriedad y cree que la gente de Alabama debe tomar la decisión sobre quién debe ser su próximo senador”, dijo la vocera.

El caso de Moore muestra la doble moral que manejan muchos políticos estadounidenses, los cuales gustan de cometer fechorías, pero buscan evadir sus consecuencias. En un intento por aliviar sus penas, se refugio en su base de votantes evangélicos, en medio de  peticiones hechas por sus colegas del Partido Republicano para que abandone la carrera al Senado.

Hasta ahora, el político ha optado por seguir las estrategias de amigo Trump, negando las acusaciones y calificando los hechos como “fake news’ (noticias falsas) con las que sus contrincantes buscan afectar su campaña al Senado.

El diario The Washington Post publicó testimonios de mujeres que aseguran haber sido agredidas por el republicano. Una de ellas es Beverly Young Nelson, quien narró sus experiencias desagradables de abusos cuando ella tenía 16 años y trabajaba como camarera en un restaurante que Moore visitaba frecuentemente.

Young Nelson dijo que una noche de 1977, el entonces fiscal de distrito ofreció llevarla a su casa y, en lugar de tomar la autopista para encaminarse a la casa, se estacionó en la parte trasera del local y comenzó a manosearla.

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