Libertades y otros asuntos

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Muchos valores y sentidos de partencia han estado en juego durante la presente pandemia global, es cosa de mirar cualquier ciudad del globo, asunto sobre el cual muchos analistas y estudiosos han escrito, algunos con alarma, otros justificando las cuarentenas y los encierros, y otros aportando verdades ocultas tras la imposición de un modelo Orwelliano de sociedad.

Claramente el mundo pasa entonces por una importante transición donde los valores de la libertad y respeto por los derechos humanos que son ejes esenciales de nuestras democracias  se transforman en pilares en peligro;  es consabido que el natural principio de celebrar elecciones abiertas e informadas y limpias mediante el sufragio universal son elementos basales de las democracias, la reciente elección en Estados Unidos un ejemplo que esta definición es también es un asunto vulnerable, la actual situación política  en Myanmar, un hermético y oscuro rincón del planeta que vuelve a quedar en manos de los militares otro ejemplo.

La llamada crisis de la democracia española otro ejemplo de democracia moderna en punto de quiebre, cuya españolidad estaría según muchas voces en serio peligro, es claro naturalmente que el ejercicio de la libertad política es fundamental para el ejercicio de la libertad económica y los valores que le sustentan, juntas forman un binomio que da garantías de gobernalidad donde la unidad territorial del Estado es fundamental.

Nadie podría negar que España está envuelta en una profunda crisis de carácter transversal, la crisis económica derivada de la pandemia, el peso de una migración muchas veces desbordada, una crisis de de valores sociales, políticos y democráticos, un sesgo de ruptura entre parte de la población y las instituciones políticas y judiciales, observamos como al ciudadano común y corriente se le dibuja un importante porcentaje de desencanto y descontento respecto de los liderazgos, más allá del color o sector que estos representan.

Es claro que este fenómeno es universal, ya vemos levantamiento de voces exigiendo más libertad en Hong Kong, una Francia dividida entre orden y libertad, una América Latina sudando sangre en un contexto de crisis sanitaria, un continente africano esperando en salto al desarrollo, mismo que hoy aparece más lejano que nunca dada la situación del coronavirus.

Vemos pues como el sentido de la democracia está hoy universalmente en juego, no olvidemos que la democracia es quien proporciona los medios para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos y ciertamente el desarrollo, asunto hoy en la cuerda floja, donde los derechos económicos, sociales y culturales han de manifestarse.  No olvidemos tampoco, que donde existe plenitud democrática ¡hay desarrollo! o al menos esa era la realidad antes del 14 de marzo del 2020.

Ciertamente la democracia ayuda a su difusión de la sociedad y sus actores, estado, empresarios y particulares, allí donde hay respeto y enseñanza de los valores de la libertad se diversifica el conocimiento y valora la civilidad, allí, entonces, las naciones y comunidades crecen y estas se desarrollan y disminuyen la brecha de la pobreza, por cierto, brecha hoy por hoy acrecentada por las desigualadas provocadas por la pandemia, asunto que se ha tornado muy complejo en naciones de Centroamérica, África y América Latina, cuya trazabilidad evidente es la pobreza generada por el virus, donde además esta comulga con aspectos como la corrupción, la falta de democracia interna en los partidos políticos, los politización de los sistemas judiciales, el insoportable gasto de las estructuras políticas, los  múltiples servicios administrativos triplicados, la falta de insumos médicos en medio de la peor crisis de la humanidad en más de 100 años.

Objetivamente las desigualdades territoriales económicas, lingüísticas, sanitarias y sociales que han de afectar a miles de sociedades, y ciertamente ponen en juego la sustancia misma de la democracia, pues es allí donde los ciudadanos reclaman más atención, muchas veces con rabiosa actualidad sus demandas de bienestar.

Vaya tarea titánica para el sentido profundo  de la democracia como valor, sus actores y componentes, y claro para el sujeto democrático  como actor social, pues mientras muchos gobiernos imponen restricciones inusuales a la libre circulación de personas y mercancías y por cierto a las reuniones sociales para combatir la Covid-19,  asunto que parece lógico, vemos surge un frágil desequilibrio de poder entre el gobierno y la sociedad civil, misma que ha visto  temporalmente alterada su rutina, cuanto de sal, cuanto de pimienta y oliva, será asunto del chef en esta nueva construcción democrática llamada simbólicamente “nueva normalidad”.

Antonio Yelpi Aguilar
Consultor, Docente, Escritor Presidente de la Fundación Global África Latina, Colaborador de Chuecas y Asociados México, Profesor Visitante Universidad Udabol Bolivia y Upci Perú, director de la Universidad Corporativa Croata Peruana de Standing y activo articulista de medios.
Foto portada: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 

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