Libertad y derechos humanos en el 2021

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Muchos valores y sentidos de pertinencia han estado en juego durante la presente pandemia global, asunto sobre el cual muchos analistas y estudiosos han escrito. El mundo pasa entonces por una importante transición donde los valores de libertad y respeto por los derechos humanos dejan de ser ejes esenciales de nuestras democracias a pilares en peligro; es consabido que el natural principio de celebrar elecciones abiertas e informadas y limpias mediante el sufragio universal son elementos basales de las democracias.

La reciente elección en Estados Unidos, un ejemplo que esta definición es también un asunto vulnerable. La llamada crisis de la democracia española es otro ejemplo de democracia moderna en punto de quiebre, naturalmente el ejercicio de la libertad política es por tanto fundamental para el ejercicio de la libertad económica y los valores que le sustentan.

Nadie podría negar que España está envuelta en una profunda crisis de carácter transversal, la crisis económica derivada de la pandemia, el peso de una migración muchas veces desbordada, una crisis de valores sociales, políticos y democráticos, un sesgo de ruptura entre parte de la población y las instituciones políticas y judiciales. Observamos cómo al ciudadano común y corriente se le dibuja un importante porcentaje de desencanto y descontento respecto de los liderazgos.

Es claro que este fenómeno es universal, ya vemos levantamiento de voces exigiendo más libertad en Hong Kong, una Francia dividida entre orden y libertad, una América Latina sudando sangre en un contexto de crisis sanitaria, un continente africano esperando en salto al desarrollo, mismo que hoy aparece más lejano que nunca, debido a la situación del coronavirus.

Vemos pues cómo el sentido de la democracia está hoy universalmente en juego, no olvidemos que la democracia es quien proporciona los medios para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos y ciertamente el desarrollo; asunto hoy en la cuerda floja donde los derechos económicos, sociales y culturales han de manifestarse. No olvidemos tampoco que donde existe plenitud democrática ¡hay desarrollo! o al menos esa era la realidad antes del 14 de marzo del 2020.

Ciertamente, la democracia ayuda a su difusión de la sociedad y sus actores, estado, empresarios y particulares. Allí donde hay respeto y enseñanza de los valores de la libertad se diversifica el conocimiento y valora la civilidad, entonces, las naciones y comunidades crecen, estas se desarrollan y disminuyen la brecha de la pobreza, que hoy por hoy está acrecentada por las desigualdades provocadas por la pandemia.

Aspectos como la corrupción, la falta de democracia interna en los partidos políticos, los politización de los sistemas judiciales, el insoportable gasto de las estructuras políticas, los múltiples servicios administrativos triplicados, la falta de insumos médicos en medio de la peor crisis de la humanidad en más de 100 años, y las desigualdades territoriales económicas, lingüísticas, sanitarias y sociales que han de afectar a miles de sociedades, y ciertamente ponen en juego la sustancia misma de la democracia, pues es allí donde los ciudadanos reclaman más atención, muchas veces con rabiosa actualidad.

Por definición, la libertad es la facultad que tiene el ser humano de obrar según su criterio, o dicho de otra forma el no estar prisionero, entonces el nexo entre democracia y derechos humanos que figura en el Artículo 21 inciso tercero de la Declaración Universal de Derechos Humanos es un axioma social para recordar.

«La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto».

De esta forma, el valor de la libertad es naturalmente un valor indispensable para él ser humano, pero también es un derecho que se relaciona con varios aspectos que pueden regir la vida del hombre como son la religión, la capacidad de expresar sus pensamientos, la capacidad de elegir, emprender, trabajar, etc. Así los estados democráticos son entonces el producto más acabado del constitucionalismo moderno e indudablemente han sido un ápice fundamental en cuanto al reconocimiento y defensa de los derechos humanos de los ciudadanos corrientes y la red de organizaciones que forman la sana convivencia social; por tanto, el espacio común donde han de conjugarse la libertad política y la libertad económica, que dejemos pues que esta pandemia también se lleve estos valores al cementerio, pues suficiente daño ya ha causado a los ánimos y las esperanzas de la humanidad.

El derecho a la libre empresa implica, asimismo, el reconocimiento constitucional de la iniciativa pública en la actividad económica, no deben jamás ser excluyentes, las llamadas libertades empresariales o derecho de emprender y en especial, la libertad de empresa, son en tanto en las democracias modernas derechos consagrados en los ensayos constitucionales y resultan ser fundamentales en una economía de social de mercado.

Así pues, con rigor y serenidad los problemas que amenazan las instituciones y ponen en peligro nuestras democracias deben ser mirados con humanismo y sentido de libertad, ello naturalmente con la intención de aportar luz a los legisladores y gobernantes, para que busquen urgentemente las soluciones adecuadas a tales amenazas, donde la incertidumbre nos acerca cada día mas a una sociedad de ficción con profundas raíces y pinceladas de distopía.

Es obvio pues señalar que la libertad no es simplemente hacer arbitrariamente lo que queramos hacer, sin dios ni ley; aunque algunos lo piensen así. La libertad puede ser considerada desde un punto de vista personal, pero en equilibrio con los demás, de esta forma la libertad económica es un derecho fundamental para todo ser humano, léase controlar su propio trabajo y propiedad, pero no olvidemos los matices y las expresiones del sentido de la solidaridad, donde también se conjuga el sentido de lo propio y lo ajeno, lo comunitario y lo socialmente compartido.

En suma, en una sociedad económicamente libre y políticamente libre los individuos son lo más importante, este aspecto es sustancial en la presente coyuntura global, vemos cómo en la presente época de pandemia muchas instituciones son sometidas a grandes presiones, somos testigos que un virus llego para acompañarnos y hacernos o más responsables o más solidarios o más asilados y vulnerables. Somos pues sujetos de derechos y de obligaciones, estos supuestos que, por cierto, deberán estar garantizado con eficiencias regulatorias y un claro sentido de responsabilidad colectiva.

Mahatma Gandhi decía “sostengo que cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida por el hombre contra la crueldad del hombre”, en tal sentido nuestras sociedades deben protegerse de los males causados por nosotros mismos; así pues, en paralelo a lo descrito es claro que el impacto súbito y generalizado de la pandemia del coronavirus y las medidas de suspensión o baja de las actividades económicas a nivel global han ocasionado una drástica contracción del sentido de bienestar y ahondado las diferencias y las desigualdades.

Vaya tarea titánica para el sentido profundo de la democracia como valor, sus actores y componentes, y claro para el sujeto democrático  como actor social, pues mientras muchos gobiernos imponen restricciones inusuales a la libre circulación de personas y mercancías y por cierto a las reuniones sociales para combatir la Covid-19, asunto que parece lógico, vemos surge un frágil equilibrio de poder entre el gobierno y la sociedad civil, misma que ha visto temporalmente alterada su rutina, cuanto de sal, cuanto de pimienta y oliva, será asunto del chef en esta nueva construcción democrática llamada simbólicamente “nueva normalidad”.

Antonio Yelpi
Antonio Yelpi Aguilar es consultor, docente, escritor y presidente de la Fundación Global África Latina; Colaborador de Chuecas y Asociados México; Profesor Visitante Universidad Udabol Bolivia y Upci Perú; director de la Universidad Corporativa Croata Peruana de Standing y activo articulista de medios.

 

 

 

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