Las primaveras árabes 10 años después

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Hace un poco más de 10 años ocurrieron las llamadas primaveras árabes que operaron como un efecto domino en el norte de África y Oriente Medio, pero pese a las guerras internas, altos costos humanos y las represiones posteriores, los sueños de millones y las acciones de activistas civiles por la justicia y libertad que encendió Buazizi siguen al pendiente.

Ese solitario acto de desesperación de un joven tunecino acabó cambiando el rumbo de una región entera e influyendo en la vida de millones de personas., ese 17 de diciembre del 2010  un joven tunecino llamado Mohamed Buazizi se inmoló públicamente en la pequeña ciudad de Sidi Buzid; naturalmente la fuerza de las imágenes  incendiaron a todo el mundo árabe;  hoy por hoy pasados los años en la región aún hay fuertes demandas de libertad y justicia, lastimosamente allí aún también  hay gente dispuesta a arriesgar su vida por un cambio político.

Ciertamente los miles y miles manifestantes estaban motivados por muchos factores, algunos profundamente políticos, otros básicamente económicos y por cierto también religiosos y culturales, pero el tema común del malestar socializado fue ganar un impulso por la dignidad y los derechos humanos, dos aspectos pisoteados por regímenes duros y soberbios.

A esas fecha muchos países en Medio Oriente y el norte de África tenían serios y complejos problemas económicos debido a la caída de los precios del petróleo, ello sumado a una secuela de sequías que habían afectado a la producción agrícola, no era extraño suponer que el  alto desempleo, altas tasas de pobreza en las zonas rurales y corrupción entre las élites políticas que prosperaron a expensas de los ciudadanos comunes eran caldo de cultivo de un malestar y un “incendiario cóctel social ” que generaría una inédita ola de rabia y revolución, ola de la cual Occidente se hizo parte e incluso apresuró con la intervención de sus servicios de espionaje e inteligencia.

Entre los expertos internacionales hay un amplio consenso en que Túnez es el caso más exitoso de todos los países árabes que vivieron manifestaciones hace 10 años. Es incuestionable que la revolución tunecina trajo nuevos aires de libertad, se gano espacios de libertad política, cultural y económica, pero solo vemos el maquillaje del sistema, pues en lo profundo las cosas siguen igual, donde cambiaron los nombres de las élites no sus formas.

Aún hoy son cientos de miles los jóvenes se encuentran decepcionados porque sus expectativas no se cumplieron, asunto donde la emergencia de la pandemia empeoro las posibilidades de trabajo y dignidad laboral, “Casi todo siguió igual en cuanto al tema económico, no hay empleos, la salud está en crisis, la infraestructura urbana también; aunque ahora podemos disentir y protestar organizadamente y no nos pasa nada” dice al canal África 24 Sadanni, joven doctora tunecina que emigró a Turquía…

Claramente Túnez ha implementado reformas democráticas que lo han diferenciado en gran medida de los otros países que vivieron protestas, los tunecinos aprobaron una nueva Constitución y con ello consagraron las libertades civiles y cambiaron su régimen presidencial por un sistema parlamentario, allí se han llevado a cabo varias elecciones pacíficas y en octubre de 2019 eligieron un nuevo parlamento y presidente.

Ahora bien, nada cambia sin el sentido correcto de las cosas, el país aún es muy frágil políticamente y la insurgencia armada en su territorio es solo uno de los muchos problemas que enfrenta el país; la lucha con los radicalismos islámicos son otro complejo problema, donde la situación económica sigue siendo muy débil, empeorada por crisis del 2019 del tipo de cambio y luego por el Covid.

Las naciones mencionadas con la excepción de Egipto claramente se han convertido en campos de juego y escenarios de conflicto para las potencias regionales y sus aliados de siempre. Y son un foco estratégico de interés para actores no regionales pero cuyo peso es determinante internacionalmente como Rusia y Estados Unidos. Es claro que ninguno de ellos ha sido capaz o ha estado dispuesto a forjar una arquitectura de paz, mas bien utilizan el arma de divide para reinar.

Por su parte, vemos como las luchas políticas internas en estos países con la excepción de Siria se han traducido en un desfile de gobiernos que no han tenido el poder de permanencia, tampoco la capacidad para implementar reformas eficientes, ello además de la corrupción que sigue siendo un problema endémico, por lo tanto, observamos como el descontento persiste.

Ahora bien, Egipto, Libia, Yemen y Siria son otros relatos que analizar, todos con un despertar común y la nada casual influencia de terceros bajo la lógica de “a rio revuelto, ganancia de pescadores”.

ANTONIO YELPI AGUILAR

CONSULTOR, DOCENTE, CONFERENCISTA

PRESIDENTE DE LA FUNDACION GLOBAL AFRICA LATINA

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