El terrorismo en tiempos de pandemia

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El 2020 y lo corrido del 2021  ha traído a la palestra nuevamente un conjunto de grupos violentos,  muchos de estos escondidos a la luz del día,  pero actuando desde las sombras,  grupos en su mayoría no estatales, incluidos cedulas terroristas y extremistas de orgánicas radicales, islamistas, también se han activado otros tantos, vinculados al crimen organizado como los carteles de Colombia y México, todos tienen en común que  han utilizado las redes sociales maliciosamente para reforzar sus agendas e intereses, sean estos  políticos, comunicacionales o estratégicos; son un elemento quizás poco percibido por el gran público, pero no menos real y peligroso, así lo describe un estudio  del Instituto de Investigación Interregional sobre Crimen y Justicia de las Naciones Unidas.

Según este importante informe estos grupos han actuado a vista y paciencia de todos, y ni la pandemia ni las cuarentenas detuvieron su actuar, personas asociadas al temido ISIS y la organización terrorista Al-Qaeda han difundido comunicaciones que afirman que el virus es un “soldado de alá” que está castigando a los incrédulos y a los enemigos de los musulmanes. Estos grupos terroristas han dicho incluso que el COVID-19 es una muestra de la ira de Dios sobre un Occidente profundamente decadente y demoniaco, el líder radical   Al-Shabaab declaró que la enfermedad del coronavirus se transmite como “el soldado más pequeño de Dios”.

“Desde el pasado mes de julio, la región de África occidental y el Sahel ha experimentado un aumento devastador de ataques terroristas contra objetivos civiles y militares que han provocado una serie de consecuencias humanitarias alarmantes”. Esta fue la desoladora descripción que hicieran en junio del 2020   ante el Consejo de Seguridad representantes de los gobiernos del Sahel, Mohamed Ibn Chambas, el máximo responsable de la Oficina de las Naciones Unidas para África Occidental y el Sahel, declaró que ni la pandemia en curso a frenado las acciones terroristas de los grupos radicales.

África, el nuevo espacio del terrorismo yihadista, fue el titulo de un reportaje de la cadena de televisión África 24; datos consultados hablan de datos hablan de 4.161 actos extremistas en los primeros seis meses de 2020, que han dejado 12.507 muertos, sobre todo civiles, por cierto, cifras que suponen un incremento real del casi el 30%, aunque en algunos territorios es aún mayor, asunto complejo sumado al contexto de la pandemia, el caso del Sahel, un claro ejemplo,  un territorio situado al sur de países como Marruecos y Argelia, en pleno corazón del desierto del Sáhara.

Ciertamente el COVID-19 se ha convertido en una bomba de oxígeno para los grupos yihadistas, ello porque África es el continente que menor incidencia viral, pero también es una de las zonas del mundo con peores sistemas sanitarios. Los estados tienen ahora otras prioridades, la primera frenar la pandemia y dar luces de reactivación.

La aparición y reagrupación de los grupos yihadistas en la región centro y norte de África se debe principalmente a problemáticas internas como la inseguridad natural de estos territorios y los problemas socioeconómico de arrastre y naturalmente los producidos por la pandemia, estos grupos vieron pues en esta situación una oportunidad para ganar miembros entre sus filas, otorgando a la población una especie asistencia, protección y resolución de disputas políticas o económicas.

África sufre el año de mayor violencia islamista de la última década, titulaba en agosto del 2020 el periódico La Vanguardia de España, por su parte, la zona del Magreb es la única región que ha visto descender los ataques fundamentalistas dado el decidido trabajo de Marruecos como guardián y sheriff de este territorio, es claro que el continente africano, es un multicultural, diverso, y  por cierto muy complejo de leer a los ojos de occidente,  así pues el Magreb es la única región que ha visto descender los ataques de grupos fundamentalistas y, según el Índice de Estados Frágiles, tres países africanos están entre los cinco del mundo que más empeoran, todos bajo la terrible injerencia yihadista en sus entrañas: Mozambique, Libia y Burkina Faso, de ahí los esfuerzos políticos de Rabat de cooperar con su diplomacia y experiencia en la lucha contra este flagelo, particularmente con el África subsahariana.

Es claro entonces que los grupos terroristas se han reinventado e incitan a ciertas personas a abandonar comunidades, familias y trabajos  para  viajar a zonas de conflicto,  durante muchos años sus destinos fueron principalmente  Irak, Libia  y Siria, lastimosamente ni Europa ni América Latina han estado al margen de estas influencias, muchas con extrañas vinculaciones con grupos radicales y luchas ideológicas de antaño,  hoy  los canales digitales son las rutas de encantamiento y la pandemia en curso 2021 para muchos de estos grupos  no existe, aún bajo la amenaza de un cisne negro llamado COVID-19; cuanto de alerta y cuanto de políticas de seguridad efectivas dependerá de cómo se lean estos fenómenos por las mentes expertas y como los gobiernos  entiendan la profunda crisis actual, en  particular, llamar a que se garantice seguridad para acceder con asistencia humanitaria a las comunidades más vulnerables, y que se tomen medidas para investigar y sancionar las atrocidades practicadas por los terroristas, los cuales no andan de vacaciones ni están extintos.

ANTONIO YELPI AGUILAR
CONSULTOR, PRESIDENTE DE LA FUNDACION GLOBAL AFRICA LATINA, DIRECTOR DE VINCULACION UNIVERSIDAD UPCI &PERU, DIRECTOR DE LA UNIVERSIDAD CORPORATIVA PERUANA CROATA DE STANDING, ESCRITOR, ARTICULISTA Y COLABORADOR DE CHUECAS Y ASOCIADOS MEXICO, GRUPO ICPSA HONDURAS, ASOCIADO DEL CONGRESO HISPANOAMERICANO DE NEGOCIOS.

 

foto portada: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

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