El futuro de la iglesia

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Hasta la elección de Benedicto XVI, el Vaticano no dejó de sorprender, porque no pocos vaticanistas lo descartaban. Primero por avanzada edad y segundo por su estrecha cercanía a su antecesor en temas sensibles de la Iglesia, y una corresponsabilidad en una sumatoria de escándalos en las puertas de diversas dependencias de la Santa Sede.

Luego de la llegada Francisco I, cuyo propósito unificador al interior de la Iglesia es un asunto aún en marcha y no exento de críticas internas, es tan indiscutible que hasta su arribo al Vaticano no se había visto un Pontífice tan involucrado en los temas universales, como el rol unificador de la Iglesia, el ecumenismo y, en general, hablar de libertades en forma abierta. Incluso hacer guiños a movimientos de izquierda en América Latina con total apertura. También cierta liviandad, por ejemplo con respecto a Cuba y Venezuela.

Es así como el Papa Francisco continúa sorprendiendo al mundo con su radicalismo, por ejemplo, en la definición de la misión de Iglesia Católica, recientes declaraciones suyas donde equipara al comunismo, por cierto, un ideal político y filosófico que ha sido el causante de la tragedia, desaparición y muerte de uno de los genocidios más grandes de la de la humanidad, con el espíritu fundacional del cristianismo, es toda una sorpresa de interpretación que saca escozor en sectores conservadores al interior de la misma curia.

Incluso el Papa va más allá, exhortando a movimientos de izquierda a entrar en el mundo político. Sus declaraciones levantan inevitablemente muchas preguntas sobre su llegada al trono vaticano y su episcopado, mal que mal, estamos hablando del máximo cargo eclesiástico en la Iglesia cristiana más grande del mundo, dejando ver un Papa con claros signos globalistas y abiertamente progresistas.

Aquí no pretendo entrar en la cuestión del Espíritu Santo, si este acertó o se equivocó, porque naturalmente ello implicaría adentrarnos en cuestiones teológicas. Quisiera, muy por el contrario, acercarme más bien a la cuestión pontificia. Su pontificado indudablemente ha sorprendido por sus llamados y por sus nuevas definiciones del rol de la Iglesia.

La Iglesia católica, elaboraciones teológicas aparte, es una monarquía electiva, cuya transición temporal es compleja, y hoy vive un proceso de fuerte desolación por la crisis actual que atraviesa, según destaca la “Conferencia Episcopal de Chile” en una carta abierta a los fieles:

“La Iglesia vive un dolor interno especialmente porque Cristo y su evangelio no están llegando y convocando a las nuevas generaciones, reconocemos que servir al Pueblo de Dios es un desafío grande, pero dicha tarea no es suficiente. Por eso, el Papa Francisco nos invita a “salir de la capilla” y de nuestra zona de confort y predicar en la plaza pública”.

Partiendo de estas bases, expuestas de la manera más sucinta posible, la pregunta es pensar en cuales son las necesidades concretas de la Iglesia católica a escala universal. Estas circunstancias claramente han variado dramáticamente desde el Concilio Vaticano II, y los devenires históricos últimos, donde unos abandonan los ritos y otros intentan rescatarlos.

Desde los años 80 se acentuaron en diversos escenarios los debates sobre la interpretación del Concilio, a veces, con fuertes tendencias dirigidas a neutralizar su implementación como aquellas de Juan Pablo II durante su mandato. Hoy el Papa Francisco afronta nuevamente este desafío y, según muchos analistas consultados, proponiendo un claro camino de radicalidad evangélica, centrada en la misericordia y la opción preferencial por los pobres.

Mientras al otro lado de la mesa los llamados sectores conservadores de la Iglesia se manifiestan preocupados por las intervenciones y mensajes papales en diferentes frentes sociales y políticos. No son pocos los analistas, políticos, comentaristas y periodistas conservadores particularmente de Estados Unidos que han mostrado sus reservas sobre las actuaciones del Pontífice, declarándole más un activista de izquierda que un actor religioso.

Según algunos es claro y obvio que en estos momentos históricos el papado de Francisco no cuenta con el respaldo de los sectores conservadores, quienes están dolidos por la forma de gobernar la iglesia de Francisco.

No olvidemos que la pandemia por enfermedad de coronavirus de 2019 ha impactado en la religión de varias maneras, incluida la cancelación de las celebraciones públicas de diversas religiones, el cierre de las escuelas dominicales, así como la cancelación de peregrinaciones en torno a celebraciones y festivales. Muchas iglesias, sinagogas, mezquitas y templos están ofreciendo culto a través de transmisiones en vivo durante la pandemia y la Iglesia católica no ha sido una excepción, las solicitudes de oración e intercepción por los enfermos han aumentado y el refugio de muchos en la fe se ha convertido en una luz de esperanza.

“Todavía no sabemos cuál será la respuesta a todo esto, en parte porque la propia Iglesia no lo sabe del todo y para responder ello serán necesarios dos cosas, una cierta unidad del clero, la que nunca ha ocurrido del todo y un liderazgo más definido de su actual conductor, Francisco I”.

ANTONIO YELPI AGUILAR
CONSULTOR, DOCENTE Y ENSAYISTA
PRESIDENTE DE LA FUNDACION GLOBAL AFRICA LATINA

Dedicado a mis hijos Colombita y Emiliano y a mis amados padres, pues en cada pedazo de historia hay hechos y una aproximación a la verdad.

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